domingo, 16 de junio de 2013

CAPITULO IV / Piar pierde su invicto

Ciudad donde Piar perdió su invicto y conoció al que sería custodio de su prisión en Angostura

Pasa desde Cariaco a ocupar la plaza de Cumaná –Sufre derrota, primera y única y la que marca su destino – Conoce a Juan José Conde, quien será oficial de capilla durante la etapa de su fusilamiento  – La mala racha de los patriotas continúa en Cartagena – Final de la Segunda República.

            Ya a esta altura, Bolívar y Mariño se hallan fuera de Venezuela y el ejército como el gobierno supremo de la República, según bando publicado en Carúpano, ha quedado en manos de los Generales José Félix Rivas y Manuel Piar.  Boves  se halla en Barcelona organizando su ejército para trasladarse a Urica y reunirse con Francisco Tomás Morales, su segundo, a fin de efectuar un nuevo intento contra Bermúdez que se resiste en la plaza de Maturín y luego marchar sobre Cumaná. Piar se hallaba con José Félix Ribas en Cariaco cuando éste lo destinó a ocupar la plaza de Cumaná abriendo brecha contra el Capitán de Navío, realista Juan de la Puente, bajo cuyo mando había quedado la plaza con una guarnición escasamente numerosa. Una vez controlada esta plaza debía machar sobre Maturín donde Ribas pensaba concentrar sus fuerzas..

            Piar, luego de reunir elementos dispersos, refuerza sus tropas con reclutas y marcha con 600 hombres sobre Cumaná. Bate al enemigo en el ligero combate de Quebrada de los Frailes, mientras el Capitán Juan de La Puente, no queriendo empeñar su suerte, resuelve retirarse sobre Barcelona dejándole a Piar el camino expedito para ocupar la plaza el 29 de septiembre.   Aquí en menos de treinta días,  Piar logra aumentar su fuerza con hombres mal armados, pero todos muy voluntariosos.  Pero en vez de proseguir hasta Maturín, prefirió esperar a Boves para dale la Batalla ignorando que éste duplicaba sus fuerzas. 

            Enterado Boves de la ocupación de Cumaná, marcha sobre esta plaza  el 15 de octubre con 1500 hombres divididos en seis columnas y al siguiente día, 16 de octubre de 1814, en la sabana de El Salado encuentra su única resistencia, la planteada por Piar en batalla sangrienta y de la que pocos escaparon.  Vencedor Boves, entró en la ciudad como una tromba hidrópica de sangre.  De manera fatalista, esta derrota marcará a Piar para siempre, vale decir, hasta el día de su fusilamiento en Angostura, tres años después, exactamente un 16 de octubre también.  Coincidencialmente, en esta batalla del Salado lo acompañaba Juan José Conde, quien será el oficial de capilla el día de su fusilamiento.  Entonces era subteniente y lo había conocido  en Cariaco donde éste se refugió tras haber escapado de la desastrosa batalla de Aragua de Barcelona, donde pereció hasta el Tigre Encaramado, el hombre que manejaba las riendas del caballo con la boca mientras esgrimía contra el enemigo dos lanzas, una en cada mano.

Hasta entonces, Piar había sido un líder invicto. El médico José Mercedes Gómez, cronista de Cumaná, en una biografía escrita sobre José Francisco Bermúdez, narra el episodio del Salado, de esta manera:

“El 16 de octubre se aproximó Boves, con su ejército presto para el ataque y el saqueo posterior, por el camino de los Bordones. Piar se dispuso a presentarle combate en campo abierto, en la llamada sabana de El Salado, entre el mar y la ciudad, hoy conocida como San Luis, con su tropa de unos 1.500 hombres recientemente reclutados. Se combatió una hora aproximadamente, pero a pesar de la valentía de su jefe, los soldados patriotas ante el avance arrollador de la infantería realista, mejor organizada, emprendió desordenada retirada hacia las regiones vecinas de la Ciudad que quedó desguarnecida. Piar pudo reunir unos 150 hombres y con ellos, esquivando la persecución, se dirigió por el valle de San Bonifacio a la costa de Paria. En Güiria, se encontraba Bideau con una guarnición patriota. Hubo desavenencias entre ambos, por negarse Bideau a reconocerlo como Jefe y tal vez malquerencias de meses anteriores, y lo obligó abandonar Güiria. Ante esta situación, derrotado, sin poder dirigirse a Maturín en busca de Ribas, por su enemistad con Bermúdez, ni a Margarita en donde había tenido divergencias con Arismendi, tomó el camino de las Antillas y finalmente Haití, refugio de todos los patriotas. Aquí se encontrarán los antiguos compañeros de Chacachacare y emigrados de Nueva Granada y Venezuela, con sus afectos y rencores, para el retorno de 1816, recorriendo en sentido inverso la ruta antillana...”

            Este triunfo de José Tomás Boves sobre Piar lo regocijó tanto que dispuso celebrarlo con una gran fiesta para la cual reclutaron  todos los músicos de la ciudad, unos cuarenta, la mayoría proveniente de la emigración caraqueña.  El baile duró hasta las tres de la madrugada cuando el terrible hombre de Oviedo exhibió una vez más su crueldad disponiendo la ejecución de quienes llenos de pánico habían animado su fiesta.

            Asegurada la plaza de Cumaná, Boves salió a reunirse con Morales en Urica.  Bermúdez le salió al paso en Los Magueyes, pero fue derrotado.  Al final no le quedó otra alternativa que ponerse bajo las órdenes de José Félix Ribas que había concentrado sus fuerzas en Maturín y desde aquí, luego de una controversia entre ambos jefes, decidieron no aguardar al enemigo sino atacarlo en sus propios dominios, en Urica, a 27 leguas de Maturín, donde también le siguió la mala racha a los patriotas aun cuando José Tomás Boves quedó arroyado en el sitio, atravesado por una lanza que según se dijo entonces vino disparada desde las propias filas de Morales, quien se hallaba altamente resentido de aquél, además de aspirar al mando del ejército. La especie tomó fuerza porque siete de los principales jefes realistas que apoyaban a Juan Manuel Cajigal como sucesor de Boves fueron decapitados y Morales se alzó como jefe absoluto del ejército realista en oriente.

            Seis días después, 11 de diciembre, Francisco Tomás Morales terminó de liquidar en Maturín los últimos restos del ejército patriota y de ellos no escapó Miguel José Sanz, extraordinario patriota y sabio insigne, admirado por Humboldt, de quien dijo  que para conocerlo, bien valía la pena emprender viaje de Europa a Venezuela.

            El comandante José Félix Ribas bajo cuyo mando agonizó y murió la Segunda República, corrió con la misma suerte.  Delatado cerca de Tucupido, fue capturado y muerto.  Su cabeza frita en aceite fue mandada a Caracas y puesta en garfios a la entrada de la ciudad, camino de La Guaira.

            Bermúdez se refugió en Margarita todavía controlada por el general Juan Bautista Arismendi hasta que llegó de España el General Pablo Morillo con su poderosa escuadra de 60 buques y 15 mil soldados a ponerle fin de una vez a la sublevación patriótica..  Francisco Javier Yánez, en su Historia de la Provincia de Cumaná, dice que “algunos de los patriotas que se hallaban en la isla en estos tristes momentos tuvieron que sacrificar sus sentimientos y buscar por otra vía su salud.  El General Bermúdez con otros se embarcó en la escuadrilla sutil de Margarita y a favor de un chubasco salió por medio de la escuadra española sin ser visto a causa de la oscuridad de la noche, y recaló en una flechera a la isla inglesa de Granada, de donde pasó a Martinica y San Thomas, y de aquí a Cartagena”    para comandar la defensa del sitio que el General Morillo le impuso desde el 26 de agosto hasta el 6 de diciembre de 1815 que los patriotas se vieron obligados a abandonarla  acosados por el hambre, el número de víctimas, el peligro de una epidemia  y la circunstancia de ser estrechados cada vez más por mar y tierra.  En los cuatro meses de sitio había perdido Cartagena las dos terceras partes de una población estimada entonces en más de veinte mil almas.

Además del general José Francisco  Bermúdez, participaron en la defensa de Cartagena otros jefes patriotas venezolanos como Carlos Soublette,  Pedro León Torres y Mariano Montilla.   Todos ellos se reunirán con Bolívar, Mariño y Piar en Haití, bajo la protección de Alejandro Petión, gobernador de esta isla que recién había logrado independizarse de Francia.

Venezuela y Nueva Granada quedaban bajo el dominio de los realistas, apenas luchando como guerrillas.  Aisladamente en las llanuras persistían, Andrés Rojas, en  Maturín; José Tadeo Monagas y Manuel Cedeño, en Guayana; Pedro Zaraza, en Guárico, Páez en Apure y en Margarita, Juan Bautista Arismendi, quien el 15 de noviembre de 1815 entró en campaña, se apoderó de la isla y redujo los realistas a los Castillos de La Asunción, Pampatar y Porlamar.



CAPITULO V / Tercera fase de la República


Reliquias dispersas por caída de Cartagena  se reúnen en Haití – Expedición destinada a terminar para siempre con el dominio colonial – Bolívar honrado de nuevo con la autoridad suprema – Piar bien armado y municionado triunfa en Carúpano y Güiria e inicia su macha triunfal hacia los Llanos – Bolívar desembarca en Ocumare y lanza proclama a los caraqueños – Rechaza a Bermúdez y compañeros que tratan de sumarse a la expedición.

            Bolívar se hallaba en Jamaica desde mediados de mayo de 1815 procurando recursos para reencender la guerra, pero dado que pasaba el tiempo sin respuestas efectivas, se trasladó a Haití donde corrió con mejor fortuna.  El Presidente de la isla, Alejandro Petión, el armador curazoleño Luis Brión y el comerciante inglés Roberto Sutherland, le ofrecieron armas, barcos y dinero para recomenzar la revolución.

Ante este ofrecimiento, Bolívar convocó en los Cayos de San Luis, febrero de 1816, a los emigrados patriotas conformados por venezolanos, neogranadinos y extranjeros sumados a la causa republicana, para preparar la expedición, nombrar sus jefes y fijar la fecha de reanudar la guerra. Responden y concurren Santiago Mariño, José Francisco Bermúdez, Manuel Piar, Pedro León Torres, José Antonio Anzoátegui,  Bartolomé Salom, el escocés Gregor Mac-Gregor, los franceses Luis Aury, Carlos Eloy Demarquet, Renato Beluche, Ducoudray-Holstein, los neogranadinos Francisco Antonio Zea, Judas Tadeo Piñango, el curazoleño Luis Brión, Pedro Briceño Méndez, Carlos Soublette, Justo Briceño, Ambrosio Plaza, Mariano Montilla, Jugo Gárate, José Ignacio Pulido, Florencio y Guillermo Palacios, José María Lecuna y José Gabriel Pérez.

No se logra unanimidad en torno a la figura de Bolívar para comandar la expedición.  Viejas posiciones contradictorias y enemistades surgen al calor de la reunión en la que no faltaron los retos personales a duelo de  Mariano Montilla contra Bolívar, Mariño contra Brión, Jugo Gárate contra Piar  y el francés Ducuodray-Holstein contra Carlos Soublette.  Estos lances fueron oportunamente evitados por Alejandro Petión, quien, al igual que Brión, condicionaba su ayuda a la aceptación de Bolívar como jefe de la expedición no obstante la oposición de  Bermúdez, quien aspiraba comandar la expedición secundado por Aury y Montilla, todos al final fueron excluidos de la expedición por considerarlos Bolívar elementos perturbadores de la unidad,.

  La expedición integrada por unos 300 hombres, en su mayoría oficiales, equipada con 6.000 fusiles, municiones, víveres y una imprenta, embarcó en siete goletas: la mayor o comandanta identificada con el nombre General Bolívar, al mando del Capitán de Fragata Renato Beluche, a bordo de la cual iban el Libertador, Brión y el estado mayor; la   General Mariño, su comandante Vicente Dubouill, con algunos jefes oficiales; la General Piar, al mando de Juan Pinell, donde iban  Manuel Piar y otros oficiales; Constitución, al mando del teniente de navío Juan Monie; que llevaba a su bordo al general Gregor Mac Gregor; la Brión, al mando del teniente de navío Antonio Rosales; la Feliz, conducida por el comandante Mr. Lominé y la goleta Conejo, conducida por el teniente de navío Bernardo Ferraro. las cuales desplegaron sus velas desde Los Cayos de San Luis  el 31 de marzo de 1816 con destino a la isla de Margarita que en buena parte había sido ocupada por Juan Bautista Arismendi.

Entre otros oficiales, además de los nombrados, que iban a bordo de dichas embarcaciones estaban Ambrosio Plaza, Pedro María Freites, Manuel Valdés, Diego Ibarra, Juan Bautista Bideau, Carlos Chamberlain y el impresor Juan Baillío, a cargo del cual iba la imprenta.

La navegación fue larga y penosa tratando, entre islas antillanas, de evadir la vigilancia española que al fin tienen que enfrentar cerca de Los Frailes luego de capturar una goleta en la isla de Santa Cruz.  En la batalla naval de Los Frailes, el comandante de la marina Luis Brión y el capitán Renato Beluche resultaron heridos, pero son capturados el bergantín  español El Intrépido y la goleta Santa Rita.  El 3 de mayo tocan suelo venezolano en  Margarita por el puerto de Juan Griego y su sola presencia hizo que el Castillo Santa Rosa en La Asunción fuera abandonado y sus ocupantes refugiados en los fuertes de Pampatar y Porlamar, últimos reductos de los españoles en Margarita..

Guiados por Juan Bautista Arismendi, los patriotas siguen a caballo hasta la Villa del Norte en cuya iglesia se reúnen el 7 de mayo y por unanimidad le  ratifican a Bolívar su máxima jerarquía de Jefe Supremo y como segundo jefe para reemplazarlo en caso de ausencia, muerte o enfermedad, el General Santiago Mariño.  Al día siguiente, Bolívar  se dirige a los venezolanos en calidad de Capitán General de los Ejércitos de la Nueva Granada y Venezuela inaugurando el tercer período de la República, invitando a los españoles a regularizar la guerra y prometiendo instalar nuevamente el Congreso de Venezuela para lo cual desde ya quedaban los pueblos autorizados para nombrar sus diputados, confiándoles las mismas facultades soberanas que en la primera época de la República.

El 25 de mayo la expedición zarpa del puerto de Juan Griego buscando tierra firme por el puerto de Carúpano que controlan escasas fuerzas enemigas..  Le hacen frente y Carúpano es sometido tras un combate de dos horas que protagoniza Piar y  durante el cual es ocupado el castillo Santa Rosa y capturados la goleta  Fortuna y el bergantín Bello Indio al cual le cambian el nombre por Indio Libre.

En posesión de la plaza, el Liberador dicta entonces un decreto sobre la libertad de los esclavos y los llama a tomar las armas mientras la gente que durante el combate se había refugiado en las montañas sale, pide armas y se apodera de los pueblos dominados por los realistas. Bajo la presidencia del doctor Juan Bautista Urbaneja se instala una asamblea el 29 de junio en la que participa la municipalidad para reconocer al Libertador como Jefe Supremo.  Reconocimiento al que se suman desde Cabrutica los jefes guerrilleros Monagas, Cedeño,  Rojas, Zaraza y otros.

Antes y tan pronto se posesionó de Carúpano, el Libertador reorganizó sus tropas y decidió sobre la marcha apoderarse de Güiria para lo cual despachó a Mariño en la goleta de guerra Diana, acompañado del General Manuel Piar y de otros oficiales.  Luego de hacer escala y dominar Río Caribe continuaron hasta Güiria y desde aquí, acompañado del coronel Bartolomé Salom y del coronel Pedro Briceño Méndez en calidad de secretario,  partió luego el General Piar con cuatro flecheras, fusiles y municiones hacia un punto que le permitiera proseguir hacia los llanos de Maturín con el objeto de organizar y armar tropas buscando al mismo tiempo comunicación  con los diferentes caudillos que se habían mantenido por aquellas llanuras.  De los primeros que se unieron al General Piar, fueron los jóvenes F. Mejía, Juan José Quintero y José Centeno.

En carta de Bolívar para Arismendi, 23 de junio, le informa que “El General Piar siguió de Güiria para su destino de Los Llanos el 20 del corriente, llevando las armas, municiones y demás elementos que le he proporcionado, necesarios para obrar por aquella parte.  Sus operaciones van a reducirse a marchas, puesto que los enemigos han retirado todas las fuerzas que podían oponérseles”.

Mientras Mariño operaba desde Güiria y Piar marchaba hasta los llanos de Maturín y Barcelona, el Gobernador de Cumaná, Tomás Cires, concentraba todas las fuerzas de la provincia para reconquistar Carúpano por mar y tierra, visto lo cual, el Libertador determinó evacuar la plaza el 29 de junio y el 5 del mes siguiente desembarcó con 15 buques y 800 hombres en Ocumare de la Costa para desde aquí tratar de liberar la provincia de Caracas. Al hacerlo le dirigió a sus habitantes esta proclama exponiendo los principios de su lucha, miras, cesación de la guerra a muerte y libertad de los esclavos:

“A los habitantes de la provincia de Caracas:

Un ejercito bien  provisto de artillería y cantidad suficiente de fusiles y municiones está hoy a mi disposición para libertaros. Vuestros tiranos serán destruidos, o expelidos del país, y vosotros restituidos a vuestros derechos, a vuestras patria y a la paz.

            La guerra a muerte que nos han hecho nuestros enemigos cesará por nuestra parte: perdonaremos a los que se rindan, aunque sean españoles. Los que sirvan la causa de Venezuela serán considerados como amigos, y empleados según se mérito y capacidad.
            Las tropas pertenecientes al enemigo que se pasen a nosotros, gozarán de todos los beneficios que la patria concede a sus bienhechores.
            Ningún español sufrirá la muerte fuera del campo de batalla. Ningún americano sufrirá el menor perjuicio por haber seguido el partido del rey, o cometido actos de hostilidad contra sus conciudadanos.
            Esa porción desgraciada de nuestros hermanos que ha gemido bajo las miserias de la esclavitud ya es libre. La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos: de aquí en adelante sólo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán ciudadanos.
            Luego que tomemos la capital convocaremos el Congreso General de los representantes del pueblo, y restableceremos el Gobierno de la República. Mientras nosotros marchamos hacia Caracas, el general Mariño a la cabeza de un cuerpo numerosos de tropas, debe atacar a Cumaná. El general Piar sostenido por los generales Rojas y Monagas ocupará los Llanos, y avanzará sobre Barcelona, mientras el general Arismendi con su ejército victorioso ocupará la Margarita. Cuartel general de Ocumare, 6 de julio de 1816.  Simón Bolívar”
            El día 6,  el General José Francisco Bermúdez llega desde Kingston al puerto de Ocumare de la Costa, siguiendo por su cuenta la expedición.  Tan pronto llegó, ofició al Libertador participándole su llegada y deseo de incorporarse, pero Bolívar en carta fechada dos días después lo rechaza por insubordinado y sedicioso.
            “Después de las diferencias y contestaciones que usted excitó en Los Cayos, y que me obligaron a licenciarlo; después de los paridos que continuó formando para oponerse a la expedición, pretendiendo el mando de ella contra la voluntad general de todos los que la componían, contra la determinación de la Junta General de Jefes notables que me encargó su dirección, y lo que no menos, contra el expreso comprometimiento de usted después de los votos formales y expresos que usted y sus compañeros hicieron públicamente allí de atentar contra mi vida y de elevarlo usted a la autoridad suprema; después, en fin,  de las muchas pruebas que ha dado de insubordinación y de sedición, no están en mi arbitrio admitirlo en el ejército ni en el territorio de la República.
            Felizmente hasta ahora reina en uno y otro la mejor armonía y subordinación; nada aspiro sino salvar a la patria, y si me disputan alguna preferencia es la de ir delante de los demás al encuentro del enemigo, y la de ejecutar mis órdenes con la más estricta y ciega obediencia.  La presencia de usted entre nosotros turbaría todo el orden, volvería a encender las discordias, haría revivir las odiosas y destructoras pretensiones que se han extinguido ya, y volvería inevitablemente en sus ruinas al ejército y a la naciente República.
            Por todas estas consideraciones me veo en la forzosa necesidad de impedir a usted y a sus compañeros en el desembarque que solicitan, y lo prevengo se prepare para trasbordarse con ellos a un buque que los llevará con seguridad a las colonias antiguas
            Luego que la República esté del todo libre y tranquila permitiré a usted que venga a habitar con nosotros.  Entonces las pasiones se harán calmado y no habrá justos temores”.
                                             
  El mismo día 6 Bolívar abre operaciones hacia el centro, pero el general Carlos Soublette que se había adelantado con las tropas, fue derrotado por Morales el 14 de julio en el Alto de los Aguacates, exactamente cuando Francisco de Miranda moría en la Carraca. Bolívar trató inútilmente de auxiliarlo, pero al final tuvo que retirarse violentamente y embarcarse hacia Bonaire tratando de hacer contacto con la escuadrilla de Brión y poder enderezar de alguna manera el revés sufrido en Ocumare.



sábado, 15 de junio de 2013

CAPITULO VI / Guayana en la mira de Piar


El General Mac Gregor desplazado por Piar



El General Gregor Mac Gregor que había tomado el mando de los restos de la expedición de Ocumare y quien  desde Choroní, con unos 600 hombres había resuelto internarse en los llanos con el fin de unirse a los patriotas de Oriente, entró a Barcelona el 13 de septiembre, luego de vencer en Onoto  y Quebrada Honda a Juan Nepomuceno Quero, y a Rafael López en la batalla de Los Alacranes, con respaldo a tiempo de las fuerzas de José Tadeo Monagas y Pedro Zaraza.

El Libertador, a sabiendas de que el General Mac Gregor había marchado desde Choroní hacia los Llanos, resolvió navegar hasta Güiria, calculando que por esta vía podría dentro de poco tener de nuevo a sus inmediatas órdenes la División que comandaba el oficial escocés.  Al efecto, Bolívar se embarcó en el bergantín Indio Libre y Bermúdez que había llegado a Bonaire desde Haití con carta y ayuda de Petión para que Bolívar reconsiderara su caso, lo siguió hasta Güiria en una goleta. Ambos llegaron el 16 de agosto y narra Francisco Javier Yánez, en su Historia de la Provincia de Cumaná  que “apenas estuvieron en tierra, cuando se levantó la más furiosa persecución contra la conducta y persona del Jefe Supremo en términos de peligrar su vida.  Se le hacían cargos en los cuarteles y en los corrillos del desgraciado suceso de la expedición de Ocumare, y de las funestas consecuencias que debían seguirse de ella a la causa de la independencia; pero no era el interés de la patria el que movía a los autores de semejantes acusaciones, sino la ambición, la envidia, la venganza y todas las pasiones innobles.  Los acusadores y los jueces eran unos demagogos furiosos que no aspiraban sino a quitar el mando al Jefe Supremo, y en tales circunstancias Bolívar volvió a reembarcarse para Los Cayos...”

El mismo día se procedió al nombramiento de los Jefes que debían gobernar la República, y resultaron electos el General Santiago Mariño para suplantar al Libertador y el General José Francisco Bermúdez de segundo en el mando general del ejército. Los demás Generales jefes y oficiales se unieron a los nombrados con el objeto de continuar la campaña y reconquistar las plazas perdidas en el Oriente.

En efecto, tan pronto asumió la jefatura suprema, salió Mariño con una división a tomar los pueblos de la costa y ponerse en comunicación con las embarcaciones armadas de Margarita y la división de Piar para estrechar y tomar la plaza de Cumaná.   Piar, al saberlo, se puso en movimiento junto con el General barcelonés Pedro María Freytes, destruyendo a cuantas partidas realistas intentaron obstaculizar su marcha en el tránsito de Maturín hasta la quebrada de Ortiz, donde instaló su cuartel, pero informado sobre unos 3.000 soldados comandados por el brigadier Francisco Tomás Morales que marchaban desde Ocumare para retomar la plaza de Barcelona, salió en combinación con las fuerzas de Mac Gregor, Carlos Soublette y José Tadeo Monagas a cortarle el paso en El Juncal, distante cuatro leguas de Barcelona, donde al final se enfrentaron en furiosa batalla.

Era el día  el 28 de septiembre de 1816, a eso de las siete de la mañana, cuando el ejército de los patriotas cuyo mando asumió Piar, entró en línea.  El ala derecha compuesta de una división de infantería y dos piezas de artillería al mando de los Generales Mac Gregor y Soublette y varios escuadrones de caballería a las órdenes del General José Tadeo Monagas.  La izquierda constaba de infantería y caballería mandadas por los Generales Piar y Freites.

El  General Francisco Tomás Morales, situado al comienzo de la sabana en dirección a Barcelona, tras explorar el lugar y calcular sus posibilidades que parecían ciertas dada la posición y  fortaleza de su ejército, calculado en unos mil cien hombres, dividió sus tropas en tres columnas apoyadas por jinetes amparados en sus flancos por un pequeño bosque.  La columna de la derecha al mando de Rossete y Alejo; la izquierda, por los Capitanes Tomás García y Narciso López y el centro que hacía de reserva, por el Capitán Juan Bonaldes.  La espalda de la línea estaba bien cubierta por una pequeña altura de tupidos árboles y al pie un pantano que impedía cualquier maniobra de caballería.

Los patriotas que disponían de 2000 soldados y 4 piezas de artillería atacaron de primero sin pérdida de tiempo, pero el General Manuel Piar se vio avasallado ante el empuje de la columna derecha de Morales, mientras un avance sereno y metódico de Mac Gregor, una brillante carga de las tropas de Soublette y una audaz maniobra de flaqueo de Monagas que ataca por la retaguardia a los que avasallan a Piar y Freites aseguraron el triunfo.  Morales dejó 500 muertos, entre ellos, al comandante Rossete; 300 heridos y huyó con  300 soldados dispersos. 

Luego de esta jornada que impresionó a los españoles, Piar  prefirió marchar sobre la Provincia de Guayana, pero antes, el tres de octubre, convocó a una Junta de Guerra, en la que expresó su propósito.  Reconoció ante todos al General Bolívar como Jefe Supremo e informado de que se hallaba en Los Cayos tras haber fracasado en Ocumare, comisionó a Francisco Antonio Zea, Intendente del Ejercito, para que saliera a informarle. Cinco días después, al frente de 1.500 hombres, emprendió marcha hacia el Orinoco por la vía de Río Claro al sur de San Diego de Cabrutica. Mac Gregor y Soublette eran partidarios seguir fieles a la línea del Libertador en el sentido de que todo el ejército debía obrar primero sobre  los Llanos hasta Caracas.

            Estando en Río Claro, fue informado detalladamente por Pedro Chipía de lo ocurrido con el Libertador en Güiria y, preocupado, tomó sus providencias para resguardarse de la supremacía imprevista de Mariño y Bermúdez contra el cual se mordía de rabia por lo mal que se expresaban de él. De modo que el 15 de noviembre se dirigió al General Gregor Mac Gregor,  Comandante General de Barcelona, y al General Pedro Zaraza, quien tenía a su mando junto Monagas las fuerzas patriotas de Los Llanos, en los siguientes términos:

            “Instruido exacta y circunstancialmente por el Coronel Chipía de los escandalosos atentados ejercidos en Güiria por el sedicioso José Francisco Bermúdez contra la persona y autoridad del E. S. el Jefe Supremo de la República, me he confirmado en la importancia y necesidad del artículo 3º de mis instrucciones a US.

            S E se vio en fuerza de ellos obligado a abandonar momentáneamente a Venezuela, y en su ausencia, su segundo el General Mariño, debería sucederle en el mando; pero desgraciadamente este Jefe se hallaba envuelto en los crímenes de Bermúdez: él, hallándose con el mando de las fuerzas de Güiria, no se opuso al motín, ni impidió sus efectos: él se ha usurpado inmediatamente después de la salida del Jefe Supremo, títulos que no le pertenecen: ha protegido y distinguido con empleos honrosos al criminal Bermúdez; y ha resistido, en fin,  a los justos reclamos hechos por el General Arismendi para que aquel delincuente fuese sometido a un consejo de guerra.  Todo esto anuncia casi con evidencia que el General Mariño, o tuvo parte en el crimen, o por lo menos consintió en él y lo vio con agrado.

            Una conducta tal debe hacernos circunspectos.  Someternos a un Jefe a quien tan justamente se hacen estos cargos, sería envolvernos en los mismos delitos, haciéndonos partícipes como él de los atentados de Güiria: sería sublevarnos contra el primer Jefe, y sería declararnos contra el orden y la disciplina militar, no menos que contra las leyes civiles de la República.

            Estas consideraciones me han obligado a prevenir a los Jefes de Departamento en el artículo 2º de sus instrucciones que no reconozcan otra autoridad ni den cumplimiento a otras órdenes que las libradas por US o por mi directamente; y ellas mismas son las que me obligan a prevenir a US bajo la más estricta y severa responsabilidad que por ningún motivo ni de ningún modo reconozca, obedezca ni preste ningún auxilio al General Mariño hasta que, indemnizado de los cargos que se le hacen y manifestada legítimamente su inocencia, ordene yo a US su reconocimiento.  La misma prevención hará US inmediatamente a los Jefes de Departamento cuya conducta en esta parte debe US celar y corregir con la mayor severidad y prontitud.

            Creo que siendo US el que debe responderme de la seguridad de esta provincia contra los enemigos de la patria y del orden, nada tengo que temer al separarme de ella.  Si el mal empezare a propagarse, será cortado de raíz, previniendo de ese modo sus perniciosos efectos”.

Poco tiempo después el General Mac Gregor presenta problemas de salud y se ausenta para los Estados Unidos, mientras el General Pedro Zaraza, junto con el General Pedro María Freites,  queda prácticamente dueño de la situación y responde a Piar lo siguiente:

 “Por los oficios de VE de 15 y 23 del corriente me ordena VE bajo la más severa responsabilidad, que de modo alguno reconozca, ni preste auxilio al General en Jefe Santiago Mariño a causa de los atentados cometidos en Güiria contra la autoridad y persona del Jefe Supremo de la República por el sedicioso Bermúdez, y consentimiento a lo menos del General Mariño.

Las órdenes de VE las observo y ejecuto con la mayor religiosidad, conociendo se dirigen al bien de la República, y en este caso la falta de respeto y obediencia a los superiores me parecen crímenes del primer orden.  VE está bien satisfecho que estos son mis sentimientos, y debe también estarlo de su observancia y mi responsabilidad.  Dios guarde a VE muchos años.  San Diego de Cabrutica, 28 de noviembre de 1816.  Pedro Zaraza.”

Los sucesos de Güria repercutieron negativamente en las tropas y comenzaron las intrigas al calor de viejas rivalidades.  La obediencia, disciplina y unidad militar parecía resquebrajarse y Piar, preocupado comienza a tomar medidas.  Desde Río Claro se dirige al Comandante de Barcelona tratándole puntualmente el caso del Teniente coronel Carlos Padrón, quien, según informes que le han llegado, en su marcha de San Diego a Barcelona,  “ha vertido expresiones subversivas contra el ejército, contra el gobierno y mis operaciones.  Además, tengo informes de que este es un hombre peligroso por sus intrigas y manejos; en esta virtud lo pondrá US preso con seguridad, inmediatamente que llegue a esa ciudad, para evitar que se haga de secuaces y aumente el partido de los descontentos e intrigas en perjuicio de la paz y tranquilidad públicas”.

            Comunicación similar envía al Comandante de Aragua de Barcelona expresando su sorpresa porque ha sabido que en su presencia y aun en su propia casa se han tenido conversaciones y declaraciones contra sus operaciones “sostenidas por el ciudadano Diego Hernández y algunos otros, y que US las ha tolerado sin reprehenderlos y castigarlos como era debido”.  Le pide al final que castigue a los chismosos y perturbadores del orden y de la paz.

            El 18 de noviembre se dirige al General de Brigada José Tadeo Monagas acusándole recibo del oficio en que solicita su traslado para Margarita o Cumaná “en atención a que no pudiendo pasar el ejército a Guayana, quedo errante sin destino en esta provincia”. 
           
Cuando después de la Batalla de El Juncal, Piar expuso su propósito de expedicionar sobre Guayana,  Monagas manifestó su deseo de participar dado que en 1815 junto con Cedeño había hecho un intento por tomar la provincia, pero Piar, al parecer, lo había pasado por alto.  De todas maneras se justificó con esta respuesta un tanto áspera:

 “Parece que US se resiste de que no le haya empleado en la Provincia, olvidándose que US mismo me ha pedido que no lo separe del ejército destinado a libertar a Guayana.  Condescendiendo en esta súplica, reservé a US su destino en el ejército; y si US por sus enfermedades o por otras causas no ha venido a incorporarse en él, no debe dirigirme quejas por un hecho en que no he tenido ninguna parte”.

De Río Claro, Piar pasa con su ejército a Pueblo Nuevo y el 4 de noviembre, preocupado porque el General de Brigada Pedro María Freites, quien se halla operando en Píritu, nada le informa sobre sus movimientos ni los del enemigo, le escribe llamándole la atención. Y advirtiéndole que “en adelante me dé sin falta partes frecuentes haya o no novedad, detalladamente el estado de sus fuerzas, su número, el de los enemigos, sus posiciones y todo lo que US crea conveniente”.

En las márgenes del Orinoco se encontraban Piar y Cedeño, listos para entrar de lleno sobre la Provincia de Guayana cuando llegó del Apure el oficial Joaquín Peña solicitando a nombre  de José Antonio Páez,  auxilios militares para rendir a San Fernando.

Esta misión conferida al edecán Joaquín Peña no obtuvo los resultados esperados, pues Piar aducía que “el ejército y el parque con que he emprendido librar a Guayana es el calculado para la campaña, y no podría desmembrarlo, sin exponer tal vez el resultado de una empresa que decide la libertad o esclavitud de Venezuela”.

Además, tomando en cuenta el punto y las ventajas del enemigo, consideraba que la gloria de liberar a San Fernando resultaría efímera e infructuosa, mientras Páez no contara con un parque suficiente para continuar la campaña.

Por otra parte, Piar, al igual que Bolívar, no compartía la conducta  de continuar obrando en partidas, aisladamente, como era el caso de algunos caudillos como Páez y creía que “mientras no presentemos al enemigo una masa fuerte e irresistible trabajamos en vano, comprometemos a los pueblos...”

Le dice a Páez que tan persuadido estaba de esta verdad que habría pasado con su ejército a unírsele “si la importancia y necesidad de ocupar a Guayana, y el haber dado principio a mis operaciones no me lo impidiesen.  Guayana es la llave de los Llanos, es la fortaleza de Venezuela: Guayana ha sido el  fuerte que ha derramado la esclavitud en la República.  Ella por su posición está en contacto con los países extranjeros y con todo el interior: ella está cubierta y defendida por un muro más fuerte que el bronce, por el Orinoco: ella, en fin, es el único país de Venezuela que exento de las calamidades de la guerra anterior nos ofrece recursos para proveernos de lo necesario, y el único punto de defensa que podemos elegir, así para establecer nuestros almacenes, como para tener un asilo seguro si la suerte nos redujese al último término.  La ocupación de Guayana debe ser, pues, con preferencia, el objeto de nuestros esfuerzos.  Sus ventajas son incalculables, y los males que produciría el dejarla a nuestra espalda son conocido de do venezolano.

Vea U aquí las razones que me impiden volar en su auxilio; vea también en ellas los fundamentos que tengo para proponerle que desistiendo de los proyectos que ahora lo ocupan, pase con su ejército a este lado para asegurar más y más el éxito de mi campaña y para salvar, a esos bravos defensores de la libertad, de la destrucción inevitable que los amenaza”.



CAPITULO VII / Piar en Guayana


Vadea el Cuchivero – Cruza el Caura a nado y en barco del enemigo – Derrota a Ceruti en el Paso de Maripa – Se dirige en Proclama a los habitantes de la Provincia de Guayana – Arenga a sus soldados – Hace contacto con grupo disidente de la capital – Sitio de Angostura – Cartas de Bolívar  a Piar y Cedeño llamándolos a reunirse con su ejército en Barcelona.


            El General Manuel Piar había cruzado el Orinoco los días 20 y 21 de noviembre e instalado su cuartel en Pueblo Nuevo, a la espera de las fuerzas del General Manuel Cedeño y Coronel José Manuel Olivares, que se hallaban en la zona de Caicara desde 1814 y con las cuales formó un solo ejército para atacar la capital de la provincia.  De manera que tan pronto se reunió con Cedeño y Olivares,  emprendió la  marcha el Día de Navidad, cruzó el Cuchivero sin contratiempo, pero no corrió con la misma suerte al cruzar el Caura, pues el río era más ancho y caudaloso, no contaba con embarcaciones y la ribera opuesta estaba defendida por cuatro compañías del Batallón Basbastro de Angostura.

            El ejército de los Generales Piar y Cedeño unido reunía a los oficiales Coroneles Juan Manuel Olivares, Francisco de Paula Alcántara y Etanislao Ribas, de Caracas; Miguel Borras, de Valencia; Francisco Veles, de Nueva Granada; José Antonio Anzoategui, de Barcelona; Julián Montes de Oca y Pedro León Torres, de Carora;  José Ucroz, de Santa Marta;  Fernando Galindo, Juan José Conde, Juan Francisco Sánchez  y José Liendo, de Caracas; Bruno Torre, de  Carora: José María Chipía, de Trujillo;  Bartolomé Salom, de Puerto Cabello; los Comandantes Gavino Martínez, de Barcelona; Rafael Rodríguez (Cabeza de Gato) de Carora; Ramón Segura, Rafael Zumeta y José Gabriel Lugo, de San Felpe el fuerte;  Joaquín Peña, de Cumaná y José Montes, de Cartagena de Indias.  Sargentos mayores:  José Morales, de Caracas; Manuel Martínez, de Cartagena;  Cirujano Mayor Servellón Urbina, de Caracas; Capitán Mayor Juan de Dios Monzón, de La Victoria y Miguel Zagarra, de Trujillo.  Capitanes:  Juan Muñoz, de Mampox;   Juan de Dios Morales, de La Guaira;  Pedro Cadenas, de Caracas; Francisco Torres, de Carora;  Joaquín  Moreno, de Angostura (hijo del fundador de Angostura Joaquín Moreno de Mendoza); José María Landaeta, de Caracas; Juan Antonio Camero, de Cartagena de Indias; Valentín García, de Cumaná; Pedro Marín, de Calabozo y Manuel Salcedo, de La Victoria.

            Debido a las aguas crecidas del Caura, fue preciso diferir la marcha que tenía por mira la Capital de la Provincia.  Esta inacción prolongada  dio lugar a disgustos entre oficiales que proponían regresar para marchar hacia el centro.  Debió reunirse nuevamente una Junta de Guerra, en la que la mayoría se decidió por seguir la empresa sobre Guayana.  Quedaron descontentos algunos jefes y oficiales como Juan  Francisco Sánchez que terminaron por se separarse seguidos de algunos elementos de tropa.

            Ocurrió que tan pronto fue informado de estos movimientos, el Gobernador de la Provincia de Guayana, Lorenzo Fitz Gerald, destacó al comandante militar de la plaza, Teniente coronel José Ceruti,  para cortar el avance a las fuerzas patriotas.  Se situó en la orilla opuesta del Caura con dos compañías del regimiento español de Barbastro y otras dos compañías de soldados criollos, bien parapetados en tierra y cuatro flecheras bien armadas y tripuladas. Ante esta situación, Piar mandó a construir dos curiaras y ordenó quitarle una al enemigo. Para lo cual encargó al oficial de la marina, patriota Rafael Rodríguez, alias, “Cabeza de Gato”, quien por la noche, acompañado de tres de sus hombres de confianza, pasó cautelosamente el río en una curiarita que la casualidad proporcionó y sorprendió a una avanzada del flanco izquierdo del enemigo logrando apoderarse de la embarcación.

Al día siguiente, como a las dos de la tarde, en presencia del enemigo, echaron  las curiaras  al agua y en ambas se embarcaron dos piquetes de infantería al mando de los capitanes Valentín García y José María Landaeta, protegidos por fuego de artillería para hacer río arriba el desembarque y obrar sobre la izquierda del enemigo.  Al mismo tiempo se arrojó al río con puñal en la boca y lanza en mano un escuadrón de caballería y el General Cedeño a la cabeza con dirección al paso real donde estaban las flecheras enemigas. Cargaron fieramente contra el enemigo viéndose éste obligado a retroceder y emprender la huída hacia la capital, dejándole a los patriotas prácticamente libre todo el territorio  hasta más allá del Caroní.  Al siguiente día, 31 de diciembre, el General Piar dirigió esta proclama a los habitantes de la Provincia de Guayana:

            “Llegó al fin el término que la Providencia asignó a vuestro sufrimiento.  Un ejército fuerte, conducido por la victoria dirige sus marchas triunfantes sobre vuestra capital.  Su objeto es auxiliaros, para que desprendidos de la bárbara dominación española, entréis a ocupar el rango que os corresponde en la sociedad, y a disfrutar con vuestros hermanos de Cumaná, Barcelona, Caracas y Barinas, de las deliciosos placeres e inestimables bienes de la libertad. 

Guayaneses:  No temáis las insignificantes amenazas de vuestros tiranos; despreciad los groseros engaños con que pretenden seduciros.  Nosotros somos vuestros protectores y amigos; venimos a haceros partícipes de nuestras glorias y de la suprema felicidad a que aspiramos; venimos a igualaros con los hombres libres, elevándoos de la humilde servidumbre en que yacéis; y venimos, en fin, a expulsar de vuestro país a los españoles para aseguraros el goce pleno de vuestras propiedades, de vuestros derechos y de vuestro honor.

La naturaleza que dotó a vuestro suelo con los preciosos frutos, os armó también con robustos brazos y grabó profundamente en vuestros corazones el amor a la Patria para que defendáis aquellos y sostengáis esta contra la rapaz codicia y opresión extranjera.  Unios, pues, con nosotros en obedecimiento de esta ley primera, y temed convertiros en asesinos de vuestra misma Patria, sirviendo de instrumento a vuestros opresores.  Desertad de unas banderas que llevan tras sí la miseria, la muerte y el oprobio, y seguid las armas de la República, que os ofrecemos la seguridad de vuestras personas e intereses.  Cualesquiera que sean vuestros empleos militares o civiles, seréis conservados en ellos, y aun recompensados con otros mayores conforme al mérito y distinción de los servicios que hagáis al ejército.  No os detenga ningún comprometimiento; sois americanos y a nuestra presencia estáis exentos de pena.  Cuartel general en el Pao de Maripa.  Diciembre 31 de l816.”


            Esta Proclama circuló en Angostura a través de don  Rafael Ramos, un guayanés que residía en ella y admiraba de lejos la gesta republicana.  Ramos, tan pronto supo de la presencia de Piar le propuso una entrevista para informarle sobre la situación de la capital y pedirle lo acepara en su ejército junto con otros angostureños.  Piar, emocionado, le escribe esta carta:

            “Mui señor mío:   Nada es más agradable ni más lisonjero para mi corazón que la generosidad con respecto a mis conciudadanos extraviados que desean  abrazar la causa de la justicia por la cual combato; así es que al oír el recado que U me envió he experimentado un placer  inexplicable y un deseo  vehemente de volar yo mismo a recibirlo en el lugar que me indica.  
 Mis atenciones actuales no me permiten hacerlo; pero ansioso de ver a U libre y lejos de la dominación española, destaco una fuerza considerable para que se una U a ella con los más que quieran seguir el partido de la República, a cuyo efecto tendrá U la bondad de hacer entender a sus súbditos la adjunta proclama ofreciéndoles y asegurándoles de todos modos, que mi palabra es sagrada; que mis promesas se cumplen literalmente; que hallarán en este ejército una protección y fraternidad tan amistosa y cordial como si hubiesen sido siempre individuos de él.
U no debe duda de nada de esto, y espero que tomará el interés más vivo en que le acompañe o siga el mayor número posible, procurando antes de su salida esparcir la proclama por toda la provincia y especialmente en la capital.  Este será un servicio muy distinguido que hará U a la República y a sus compatriotas los guayaneses, cuya sangre debe economizar”.

            Al día siguiente, primero de enero, listos para seguir en persecución de Ceruti, Piar completó su mensaje a los guayaneses con una arenga a sus soldados:

“Soldados: todo cede al impulso de vuestro valor: la jornada del 30 de diciembre es la obra primaria de nuestras campañas: el Caura mismo admira vuestra audacia.  Gloria inmortal a los bravos que han sabido dejar su patria y sus familiares para llevar  a regiones extrañas sus pensamientos liberales.
Soldados: Guayana será libre con vuestro solo aspecto y sus habitantes reconocidos dirán: he aquí los que nos han traído la libertad, la gloria y la dignidad.”

Se preparaba Piar para mover  el ejército sobre la capital de Guayana, cuando recibió un oficio del Libertador fechado el 7 de noviembre que le produjo gran placer.  El Libertador lo ponía en conocimiento de su propósito de llevar a cabo otra expedición sobre el continente, con recursos y elementos para hacer la guerra de manera vigorosa.  Piensa responderla, pero no lo hará sino después que opere y trate de tomar a la ciudad de Angostura.

Inmediatamente desmontó su cuartel en el Paso de Maripa y tras  un breve descaso en San Pedro, la División de Piar avanzó durante diez días hasta las inmediaciones de Angostura, a la cual puso sitio desde el mismo día.

Piar estableció su cuartel en la Mesa de Angostura, específicamente en el sitio conocido hasta avanzado el siglo veinte como Laja de La Llanera y allí se le unión don Rafael Ramos y otros habitantes.  Dos días antes del choque de la División de Piar y Cedeño contra las fuerzas de Ceruti, Bolívar llegó a Margarita desde Los Cayos e inmediatamente pasó a Barcelona y asumió el mando teniendo de su lado muy cerca al General Juan Bautista Arismendi.  Concibe el proyecto de reunir en un solo gran cuerpo el ejército de Nueva Granada que obra en Apure y las fuerzas que en Divisiones y Guerrillas mandan los generales venezolanos en el oriente del país y Guayana.  En este sentido y aduciendo que no es conveniente tomar a Guayana por ahora, se dirige el 10 de enero al General Manuel Piar y Cedeño, justamente cuando comenzaban a cercar militarmente a la Angostura del Orinoco.

“Sr. General Manuel Piar:  La salvación de nuestra Patria, señor General, depende de la reunión de todas las fuerzas nuestras, diseminadas ahora y separadas por grandes distancias.
Toda operación parcial, aun siendo feliz, no producirá sino ventajas efímeras y puede tener consecuencias muy funestas siendo desgraciadas.
Los españoles reúnen las suyas y es preciso oponerles fuerzas iguales.  Pequeñas divisiones no pueden ejecutar grandes planes.  La dispersión de nuestros ejércitos, sin sernos útil, puede hacer perecer la República.
El Excmo. Sr. General Arismendi tendrá el honor de someter a VS mi plan de operaciones, hará ver a VS nuestro estado actual, y lo que he resuelto después de la más dura reflexión.
Esta operación es tan importante que yo en persona pasaría cerca de VS si fuese preciso.  La reunión sola puede salvarnos.  El ejército de VS compondrá, no lo dudo, parte del gran ejército.
Estoy seguro por informes los más exactos y dignos de crédito que  sin una flotilla respetable no es posible tomar la Guayana.  Un buque inglés procedente de Granada y que ha poco estuvo allí me ha instruido de sus fuerzas marítimas.  Las nuestras son muy inferiores a ellas, y además no pueden, por ahora, separarse de estas costas hasta asegurar todas nuestras comunicaciones externas, por donde recibimos los auxilios y elementos para la guerra.  No perdamos nuestros esfuerzos.  Aun no es tiempo de tomar a Guayana.  Llegará eso y con suceso”



viernes, 14 de junio de 2013

CAPITULO VIII / Piar frente Angostura


Piar perdió 80 soldados al tratar de tomar esta ciudad

Pierde ochenta soldados al tratar de tomar  la Angostura del Orinoco – Carta al Libertador expresando placer por su arribo de nuevo a tierras venezolanas, informándole sobre la Campaña de Guayana  y solicitándole cooperación naval – Deja sitiada la capital y marcha con Cedeño a las Misiones del Caroni – El Hato San Felipe de los Hermanos Vidal - Deserción del Escuadrón de Dragones – Negativa de Piar de pasar a Barcelona con su ejército tal como lo exigía el Libertador. 

            El General Piar se acercó a la Angostura el 13 de enero de 1817, estableció su Cuartel en la Mesa y después de estar frente a la ciudad durante cuatro días, resolvió el 17 tras hacer un reconocimiento más profundo y desde la falda del cerro El Zamuro, aproximarse y consolidar posiciones de ataque y defensa.

            Las observaciones hechas durante ese día lo animaron a una tentativa sobre la ciudad y, en efecto, el día 18, entre la una y las dos de la mañana, Piar ordenó a su ejército ejecutar el ataque para lo cual colocó la tropa del coronel Pedro León Torres en dirección de la batería del centro; la del  coronel Pedro Chipía, por la izquierda; la del coronel Bartolomé Salom, en el barrio Perro Seco; la del coronel Pedro Hernández, en la Alameda o ribera del Orinoco, y la del capitán Cadenas,  frente del Reducto, quedando formada  una línea de reserva en la Mesa de Angostura donde estaba instalado el campamento.

            Comenzó el ataque y la respuesta desde las alturas de la ciudad por parte de las fuerzas del Gobernador Lorenzo Fitz Gerald y  Ceruti fue contundente.  Un fuego vivísimo y una artillería bien servida se erigió en obstáculo.  El oficial Juan José Conde describe la tentativa de ocupar la ciudad así:

“Piar dispuso que llamasen la atención del enemigo los coroneles Pedro León Torres por la batería 2 y José María Chipía, por el atrincheramiento de la Alameda con cien hombres cada uno.  Entre tanto el sereno y laborioso coronel Bartolomé Salom fue destinado con poco más de doscientos hombres para dar el ataque principal por el atrincheramiento de Perroseco.  El resto del ejército quedó de reserva al pie del Cerro del Zamuro, frente al reducto enemigo con los Generales Piar y Cedeño.  La noche estaba húmeda y tenebrosa, ni unos a otros nos mirábamos.  A las doce nos pusimos en movimiento pero el enemigo, sin duda advertido de ello por su espionaje y el ladrido de algunos perros, rompió, el primero, con fogosa artillería y mosquetería en toda la cortina, baterías y buques de guerra, cuya luz igualaba casi la del mediodía.  En tan malograda empresa perdimos más de setenta de tropa que perecieron trepando impávidos los fosos y atrincheramientos de Perroseco donde murieron los valientes Comandantes Joaquín Peña y Capitán Pedro Cadenas, muchos se salvaron de ser fusilados unos a otros a favor de las voces papelón y queso que era la seña y contraseña.  Más afortunado el Coronel Pedro León Torres, pudo sorprender a los enemigos del número 2 y ocupar esta batería, pero al dar parte para que la reserva auxiliase, el enemigo desembarazado de su principal atención lo obligó con los fuegos del reducto a retirarse.  En fin cada uno por donde pudo se incorporó a la reserva.

Al siguiente día después de recogidos algunos heridos, nos retiramos al sitio del Juncal, legua y media de la plaza.  Piar dispuso por orden general que el Coronel Salom y los demás oficiales que asistieron al asalto llevasen en el pecho de sus casacas, pendientes de una cinta roja, el mote distintivo ´Valor y fortuna en Perro Seco, 1817”.

            De manera que los patriotas no pudieron consumar el plan como pretendían.  Las pérdidas fueron relativamente cuantiosas.  Piar, sin embargo, elogió en su diario de operaciones el denuedo y bravura con que arremetieron sus soldados,  principalmente los de Pero Seco y La Alameda aunque no pudieron penetrar. Tan sólo  la tropa del coronel Pedro León Torres, llena de coraje saltó valientemente la trinchera por entre las bayonetas y las bocas de fuego, liquidando a los soldados que tuvieron valor para sostenerse, pero luego tuvo que replegarse.

            Piar que había aplazado contestar el oficio del Libertador, recibido con casi dos meses de retardo en el Paso de Maripa, para darle mejores noticias de sus operaciones, se limitaba ahora a lo siguiente desde la Mesa de Angostura:

            “Excmo. Señor:  El día mismo en que pasado el Caura me preparaba para mover el ejército sobre la capital de Guayana, tuve el honor de recibir el oficio de VE fecha 7 de Noviembre último.  Su recepción produjo generalmente una embriaguez de placer solo igual a la que sigue a la victoria.  La aproximación de VE a su patria y los nuevos auxilios que la ofrece, son las mas lisonjeras noticias con que pudiera halagarnos.

            Como según aquel oficio yo espero que VE haya llegado a alguno de nuestros puertos, me apresuro a darle una idea de mi situación actual, de las ventajas obtenidas en esa provincia y de los medios que se necesitan para asegurar el éxito de la campaña.

            Las fuerzas enemigas batidas en el Caura (como verá VE en el adjunto boletín) replegaron a la capital, entregándome todo lo interior de la provincia, esto es,  todo el territorio desde las bocas del Caroní hasta más allá de las del Meta.  Me acerqué a la plaza el 13 del corriente y después de estar frente de ella cuatro día, resolví el 17 un reconocimiento con toda la fuerza aproximándome cuanto fuese posible.  Las observaciones hechas este día me animaron a hacer una tentativa sobre ella, y en efecto el 18 entre la una y las dos de la mañana se ejecutó un ataque que nos hizo dueños de una de las baterías, y destruyó la fuerza que la defendía, y aumentó el terror de que estaba poseído el enemigo.

            A pesar de estas ventajas, nuestras tropas no pudieron penetrar porque rechazada otra división que debía forzar otro puesto y las que destiné para llamar la atención por diferentes puntos, la división vencedora replegó también y volvió a abandonar el terreno ganado.  Frustrada así la empresa con pérdida de ochenta hombres entre muertos y heridos e informado por los prisioneros tomados aquella noche de que todos los intereses y municiones están  a bordo y que nada lograré con ocupar las paredes, he desistido de tomar la plaza por asalto, y me he limitado a estrecharla por sitio.

            Este plan me parece más conveniente, así porque es más seguro y menos costoso, como porque da lugar a que se venga a las bocas la escuadrilla que VE ha traído y lograremos por ese medio batir y apresar la enemiga que de otro modo se llevaría todos los causales.

            Yo espero que siendo mi proyecto tan conforme al bien de la patria y a las intenciones y planes de VE merecerá su aprobación y la cooperación que pido de las fuerzas marítimas.  Nada hay que temer respecto a ellas.  La escuadrilla enemiga lejos de ser tan fuerte como se ha creído hasta ahora, es muy débil por su número y más aun por su tripulación.

            Las ventajas que nos ofrece esta provincia libre son incalculables.  Los inmensos caudales de los españoles en ella nos proporcionan medios para adquirir de los extranjeros elementos militares; su situación nos da un asilo seguro, y la moral pura de sus habitantes, no corrompidos todavía, nos permite la organización de un ejercito fuerte y valeroso, capaz de libertar la República si VE viene a Guayana.  Todos estos recursos manejados por su sabia dirección adquirirán un nuevo mérito y producirán efectos más grandes.  Los enemigos internos y externos temblarán; los pueblos concebirán esperanzas de ver restablecida la libertad, al contemplar nuestra situación militar, y todos los negocios tomarán un paso firme y regular.  Dios guarde a VE muchos años.  Manuel Piar”.

            Ese mismo día, Piar se dirige a los Generales José María Freites y Pedro Zaraza para que reconozcan, obedezcan  y se sometan a la autoridad del General Juan Bautista Arismendi  que ha pasado de Margarita a tierra firme con 200 soldados para reforzar la plaza de Barcelona.

            El problema que se le presentaba a Piar era que la inacción solía provocar la deserción y la única manera de evitarla era mantener las tropas en completa acción, muchas veces sin medir los riesgos.  La tentativa de tomar la ciudad sin apoyo naval fue conscientemente riesgosa, pero había que mantener la dinámica del ejército y en función de ella dispuso ocupar las Misiones del Caroní, mientras buena parte de la caballería del General Cedeño continuaba  al frente de Angostura.

            Emprende la marcha.  El 21 hace una parada con su Ejército en la Yegüera y aquí recibe oficio del Libertador comunicándole su arribo a Barcelona con una fuerte escuadra, y con todos los elementos de armas y municiones necesarios para continuar la campaña. El Libertador le afirma que ha salido ya la escuadra con dirección a las Bocas del Orinoco para que se apoderen del río y cooperen con las operaciones militares sobre la provincia de Guayana.

            Al día siguiente redacta y envía instrucciones para el Teniente coronel Miguel Armas, a quien ha dejado comandando la División que sitia la Ciudad de Angostura:  Las instrucciones de nueve artículos, disponen lo siguiente:

            Art. 1.-  El Teniente coronel Miguel Armas  tomará el mando de la división de caballería que queda cubriendo la línea  contra Guayana.  Esta división se compone de los escuadrones de Caycara y Altagracia.

            Art. 2,- Establecerá su línea en la misma forma que la tiene el ejército.

            Art. 3.- De día nombrará una partida de observación de 30 hombres, los cuales se dividirán en tres partidas de a 10 cada una, que se situarán a distancia de un cuarto de legua la una de la otra.  El resto de la división se mantendrá reunida en el lugar más conveniente para que los caballos coman y descansen.

             Art. 4.-  A las cinco de la tarde hará reunir todas las fuerzas para que pasen lista.  Después de pasar ésta, formará del todo tres divisiones que se apostarán en la misma forma que las guardias de observación en el lugar más conveniente, mudando todas las noches de posición.

Art. 5.- Cada una de las tres divisiones dará una avanzada particular, que se situará en las avenidas.

            Art. 6.- Al amanecer hará reunir todas las divisiones y machará con ellas a hacer el reconocimiento sobre la plaza con todas las precauciones necesarias para no caer en las emboscadas que el enemigo pueda amarle.  Después de hecho el reconocimiento se retirará al campamento que haya elegido para pasar el día, dejando ya establecidas las guardias de observación.

            Art. 7.- Cuando haga el reconocimiento, registrará con el mayor escrúpulo todas las salidas de la plaza, para ver por las huellas si han estado o salido tropas y arreglar su conducta conforme a las observaciones que se hagan.

            Art. 8.- Si por algún caso sufriera su división alguna desgracia, se retirará con las reliquias hacia el Caroní, procurando incorporarse al ejército.  Pero llevará consigo todos los caballos que quedan empotrados y todo el hospital.

            Art. 9.- Frecuentemente me dará parte de su situación, haya o no novedad, bien entendido, que en caso que ocurra alguna se me participará en el acto.  Manuel Piar.

            El 26 de enero de ese año 1917, el General Piar llega al Hato San Felipe de los Hermanos Gaspar y Bibiano Vidal. Mantiene un diálogo amistoso y logra sumarlos a su ejército que necesita de ellos y de sus hombres, pero también caballos, pues el Escuadrón de Dragones de Caracas, bajo el mando del comandante Ramón Segura, al conocer la llegada del Libertador a Barcelona, desertó dejando a la infantería sin caballería, pues Cedeño aún tardaba en integrarse al Ejercito pues al parecer no había hallado embarcaciones para pasar Caruachi.  Piar se dirige al Libertador en una extensa carta pidiendo severo castigo para los desertores, especialmente para el Comandante Ramón Segura, el coronel graduado Teodoro Figueredo, el cirujano Servellón  Urbina y el Capitán Durand.

            El Hato San Felipe, con miles de cabezas, era entonces el más grande latifundio, con 35 leguas y se extendía desde el Caroní hasta el río Guaimire que desemboca en el Orinoco, veinte kilómetros al oriente de Angostura.  Allí Piar levantó provisionalmente su Cuartel para planificar su entrada y dominio de las Misiones del Caroní.

            En San Felipe, Piar recibe oficio del Libertador anunciándole su arribo a Barcelona, dándole órdenes sobre lo que debe ejecutarse y pidiéndole informes detallados de sus operaciones, resultados, y de lo que piensa seguir haciendo.  Piar, que ya se había anticipado, prefiere para más detalles y por temor a que el enemigo intercepte su correspondencia, enviar personalmente a su edecán Quintín Vallenilla, sargento mayor con experiencia en la guerra de Apure y Nueva Granada.

            El Libertador, en ese mismo oficio fechado el primero de enero en Barcelona, pedía a Piar repasar el Orinoco y enviarle un lote de caballos, pero Piar le responde con pesar por no poder hacerlo debido a que el Orinoco está dominado por el enemigo con una escuadrilla considerable, mientras que él no cuenta con un solo buque, y estando compuesto su ejército por la mayor parte de vecinos de Guayana, estará expuesto  a un seguro revés; sin embargo le promete que una vez pasado el Caroní, la situación será distinta.

            Veintitrés días después de este oficio enviado por el Libertador a Piar, le remite otro pidiéndole precipite sus marchas con todas sus fuerzas sobre la plaza de Barcelona amenazada por el enemigo desde Unare y la cual estaba resuelto a defender y sostener a como diera lugar.  Igual orden fue trasmitida a los demás jefes de divisiones, pero Piar alega y está convencido que “la rendición de Guayana es inevitable y me veo en la necesidad de continuar la campaña, a pesar de que mis deseos me llaman al lado de V.E.”  Y, en efecto, Piar se olvida de Barcelona, desmonta el Cuartel de San Felipe y se enrumba hacia Caruachi.




            

jueves, 13 de junio de 2013

CAPITULO IX / Piar ocupa las Misiones

Piar instala su Cuartel General en el Paso de Caruachi después que sus soldados derrotan a unos 300 del enemigo que cubrían la zona – Deja al Coronel Pedro Chipía en el mando de Caruachi y continúa su marcha – Ocupa todas las Misiones capuchinas, incluyendo la villa de San Antonio de Upata, donde instala su Cuartel General – Dicta  Bando y designa a Luis Lezama Teniente de Justicia Mayor- Dirige Proclama a los indígenas de las Misiones -  Se niega nuevamente a repasar el Orinoco para unirse a Bolívar en Barcelona y refuerza el Sitio de Guayana la vieja - Trata de establecer relaciones de amistad y comercio con Demerara – Dispone pena capital contra los ladrones de bestias y marcha de nuevo sobre Los Castillos ante un posible rompimiento del cerco por parte de los realistas.

            El General Manuel Piar desmonta su Cuartel en el Hato San Felipe y reanuda su marcha hacia las Misiones del Caroní, pero antes de aproximarse al Paso de Caruachi, enfrenta con setenta de sus soldados a unos 300 del enemigo que cubren la zona desde el campamento de Ure.  En oficio al oficial Miguel Armas que comanda el Sitio de Angostura, le informa que “esta sola escaramuza nos ha hecho dueño de todas las misiones que están a la ribera del Caroní: el enemigo huye y no se atreve a esperarnos.  Creo que todo este país se pacificará muy pronto, porque ni los indios ni los frailes se esconden: todos se van presentando”.

            Piar no quiere perder tiempo y prosigue su avance hacia las Misiones luego de dejar comandando la zona de Caruachi al Coronel Pedro Chipía con  instrucciones por escrito muy precisas de cubrir con su división todos los puntos poblados, incluyendo el paso del río con una guardia permanente para control y protección de las comisiones del ejército que pasen por allí.  Pero su objeto principal señala que es el  de defender el parque y proteger a los indios conservándoles sus derechos y haciéndolos gozar de los bienes de la libertad, lo que no excluía la recluta  entre los mismos naturales para alistarlos en las tropas.  Debía Chipía también establecer una armería para arreglar los fusiles que presentaran problemas y localizar a los herreros del lugar para que forjasen el mayor numero posible de lanzas.

Piar  cruzó el Caroní por el Paso de Caruachi el 2 de febrero y entró en la villa de Upata en medio de las aclamaciones y vivas del pueblo cuatro días después tras dispersar la guarnición del Gobierno y refugiarse ésta en los Castillos de Guayana la vieja con las fuerza que cubrían a Caroní y San Joaquín en número de 200, de los cuales la mayor parte eran indios porque todos los criollos se adhirieron a la causa y muchos de ellos pasaron a engrosar el ejército. .  Al tomar  posesión de la villa, Piar dictó y dio a  conocer el siguiente Bando:

“A los habitantes de la villa y departamento de Upata: El ejército libertador de Guayana cubre ya vuestro territorio que ha tomado bajo su protección.  La libertad e independencia, la tranquilidad y el pleno goce de vuestras propiedades y derechos son las divisas que nos distinguen y los bienes que os traemos.  Nada tenéis que temer; el imperio de la ley y de la justicia ha sucedido a la dura opresión del despotismo.

Para afirmar vuestra seguridad y obrar la felicidad general, he tenido a bien ordenar y mandar los siguientes artículos:

Artículo 1º.-Todos los vecinos o habitantes de este departamento, hombres y mujeres, se restituirán a sus casas a disfrutar tranquilos y libremente de sus intereses.  Artículo 2º.-Los hombres se presentarán al Teniente de Justicia mayor del departamento en el término de 48 horas con las armas que tengan.  Artículo 3º.- Los que hubieren tomado o supieran dónde haya alguna cosa, perteneciente a los españoles o los que han emigrado con ellos, la presentarán en el mismo término al expresado Justicia o la denunciarán para que se recoja.  Artículo 4º.- Los que contravinieren cualesquiera de los presentes artículos, serán tenidos por enemigos de la República y como tales castigados severamente.  Cuartel General en Upata, a los 6 de Febrero de 1817.  7º . Manuel Piar”.

Ese  mismo día el General Piar recibió en su Cuartel a civiles representativos de la villa, entre ellos, al ciudadano Luis Lezama, quien por haber expresado sus deseos sinceros de consagrarse a la causa, es nombrado Teniente Justicia Mayor tanto de la Villa como del departamento que comprendía los pueblos de El Palmar,  Guasipati, El Miamo y Tumeremo que ya habían sido tomados por tropas avanzadas.

Piar le impuso al Teniente de Justicia el deber de atraer a los vecinos huidos o escondidos, asegurándoles inmunidad y la garantía plena del goce de su libertad y de sus bienes; asimismo el deber de presentar al Mayor General del Ejército los hombres útiles para el servicio de las armas;  recoger los bienes pertenecientes a los españoles enemigos y a los emigrados con ellos para darles el destino más conveniente a los intereses de la causa patriótica; cuidar de hacer alguna provisión para el ejército, tanto de pan, como de sal, tabaco y otros rublos de acuerdo con las necesidades de las tropas y del vecindario.

Al siguiente día, el General Piar dirigió una proclama a los indígenas habitantes de a Misiones del Caroní en los siguientes términos:

“El Gobierno español se ha acabado: la patria está ya libre, y vosotros que sois sus hijos primitivos debéis ser los primeros que gocéis de la libertad, de sus privilegios y derechos.

Hasta ahora habéis estado sujetos al capricho arbitrario de los capuchinos que, no contentos con ejercer su ministerio espiritual, os oprimían, reduciéndoos a esclavos.  En adelante no será sí.

El ejército de la República es vuestro defensor.  Nosotros os miramos como hermanos, y como tales os concedemos los mismos derechos nuestros.  Lo que trabajéis será para vosotros; los servicios que hagáis se os pagarán, y seréis premiados por ellos, con todos los honores a que os hagáis acreedores.

Venid, pues, a reuniros con nosotros; volved a ocupar vuestras casas  y pueblos; nadie os hará daño.  Vuestras familias, mujeres e hijos serán respetados, y disfrutaréis con ellos tranquilidad, paz abundancia y felicidad.  Cuartel General de Upata, 7 de febrero de 1817.  Manuel Piar”.

Ese mismo día ofició al Comandante Pedro Chipía a objeto de que destacase treinta o cuarenta hombres al mando de un oficial para ocupar los pueblos de San Joaquín y Caroni y cuidar de los intereses de los capuchinos que lo habían abandonado todo.  Piar permaneció tres días más en Upata  y pasó luego con su ejército a sitiar las fortalezas de Guayana la vieja.

Exactamente marchó el 10 de ese mismo día y retorno inmediatamente después para seguir despachando desde su Cuartel de Upata.  Aquí recibió con un mes de retardo un nuevo oficio del Libertador, a través  del Coronel Vélez, en el que insiste sobre la necesidad perentoria de repasar el Orinoco para reunírsele con el fin de formar un gran ejercito unido.  Piar, sobre la marcha, le responde esgrimiendo una vez más las razones que se oponían a esas operaciones y que con anterioridad le fueron trasmitidas, añadiendo el sacrificio a que se exponen los 29 pueblos de la Guayana en el acto en que los abandone el ejército...  “Yo no puedo persuadirme que la orden de VE sea un decreto a muerte contra estos infelices inocentes.  VE la libra ignorando mi situación; impuesto de ella, no podrá menos que aprobar mi resolución de permanecer en esta Provincia hasta liberarla del todo.  El enemigo está reducido a la última extremidad, circunscrito a las dos Guayana, privado de todo recurso y aterrado.  Estas son ventajas que no siempre se presentan, y que no pueden desperdiciarse  cuando una vez se han presentado”.

Aun así, Piar recibe al Teniente Coronel Salcedo trayendo cartas de Juan Bautista Arismendi y del Libertador insistiendo encarecidamente ambos sobre la necesidad  de que Piar desista de sus operaciones en Guayana y se vaya a Barcelona.  Pero nuevamente Piar esgrime sus razones ante Arismendi y, para poner de manifiesto eficazmente los inconvenientes que tiene de repasar el Orinoco como se lo ordena el Libertador, comisiona al Teniente coronel José Manuel Olivares para que explique personalmente  al Jefe Supremo su posición y la situación de ventaja que significa asegurar la libertad de la Provincia de Guayana tanto por su posición estratégica como por sus ingentes recursos y facilidad de comunicación con las colonias inglesas limítrofes.

Arismendi después, en el informe al Libertador le dirá que “La respetable comisión que VE me ha dado, no ha producido hasta el día, en esta parte de Guayana, todo el bien para la patria  que hemos esperado y que vienen ofreciendo mis operaciones  en otras partes de esas provincias orientales.  Ya VE habrá seguido recibiendo mis oficios y las respuestas de los Generales Cedeño, Monagas y Mariño después de las del General Zaraza, que fue el primero con quien traté.

El General Piar, quiero decírselo reservado, me da mala espina.  A este patriota le ha soplado mucho la fortuna y quien sabe a donde va a parar esto, porque como que él no piensa como nosotros.  En fin, vea VE lo que Piar le ha dicho en los oficios con el Coronel Vélez y después con el Comandante Salcedo, de que estoy informado, y vea lo que a mi me dice en el corto original que le adjunto; es de 16 de este mes.

No puedo extenderme más, y veo que pronto podré informarle verbalmente lo que no puede ir escrito, ni puede contenerlo la vía oficial”.

La cercanía y comunicación con las colonias inglesas como una de las razones esgrimida para no abandonar la campaña de Guayana, Piar quiere darle sentido  dirigiéndole el 18 de febrero la siguiente :carta al Gobernador de Demerara:

“Deseando establecer entre esta Provincia y esa Colonia las relaciones de amistad y comercio libre que ha existido entre las demás Provincias de Venezuela y las potencias que tienen la gloria de pertenecer a la Gran Bretaña, me atrevo a invitar a VE y suplicarle se sirva permitir nuestras comunicaciones comerciales conforme a las benéficas intenciones de ambos Gobiernos, y las ventajas recíprocas de uno y otro país.

La contestación que espero tenga VE la bondad de dar a mi solicitud para abrir este nuevo canal a nuestra mutua prosperidad, será seguida inmediatamente de la importación y exportación según los términos y modo que VE me indique.

Dígnese VE aceptar los sinceros homenajes de alta consideración y respeto con que soy de VE, el más atento y adicto servidor QBSM.   Manuel Piar”

Debido a que durante esos días, muchas de las bestias que había logrado reunir Piar para organizar la caballería del ejército y el transporte, habían desaparecido, se apresuró a dictar medidas para evitarlo, imponiendo la pena capital: - “Para cortar el desorden que se observa en el ejército por los continuos robos de caballos, ordeno y mando:  Que todo el que en adelante robe algún caballo u otra bestia perteneciente al ejército, será pasado por las armas en el acto, bien sea oficial, sargento, cabo, soldado o paisano, sin atender a grado, servicio, ni recomendación alguna.  Publíquese por bando para noticia de todos.  Upata, Febrero 19 de 1817.-7º.  Manuel Piar”

Un día después le llegan noticias de que en el pueblo de Puedpa, cercano a Upata, se ha cometido un asesinato y en el acto le escribe a su comisionado en el lugar, J.J. Cardozo,  previniéndolo de que inmediatamente proceda a dar con el autor del crimen y que luego de averiguado le forme juicio sumario y se lo envíe para la decisión definitiva.  Este despacho se produjo cuando Piar ya con pie en el estribo de su caballo se disponía marchar de nuevo sobre las Fortalezas de Guayana la vieja que había dejado sitiadas con anterioridad.