viernes, 14 de junio de 2013

CAPITULO VIII / Piar frente Angostura


Piar perdió 80 soldados al tratar de tomar esta ciudad

Pierde ochenta soldados al tratar de tomar  la Angostura del Orinoco – Carta al Libertador expresando placer por su arribo de nuevo a tierras venezolanas, informándole sobre la Campaña de Guayana  y solicitándole cooperación naval – Deja sitiada la capital y marcha con Cedeño a las Misiones del Caroni – El Hato San Felipe de los Hermanos Vidal - Deserción del Escuadrón de Dragones – Negativa de Piar de pasar a Barcelona con su ejército tal como lo exigía el Libertador. 

            El General Piar se acercó a la Angostura el 13 de enero de 1817, estableció su Cuartel en la Mesa y después de estar frente a la ciudad durante cuatro días, resolvió el 17 tras hacer un reconocimiento más profundo y desde la falda del cerro El Zamuro, aproximarse y consolidar posiciones de ataque y defensa.

            Las observaciones hechas durante ese día lo animaron a una tentativa sobre la ciudad y, en efecto, el día 18, entre la una y las dos de la mañana, Piar ordenó a su ejército ejecutar el ataque para lo cual colocó la tropa del coronel Pedro León Torres en dirección de la batería del centro; la del  coronel Pedro Chipía, por la izquierda; la del coronel Bartolomé Salom, en el barrio Perro Seco; la del coronel Pedro Hernández, en la Alameda o ribera del Orinoco, y la del capitán Cadenas,  frente del Reducto, quedando formada  una línea de reserva en la Mesa de Angostura donde estaba instalado el campamento.

            Comenzó el ataque y la respuesta desde las alturas de la ciudad por parte de las fuerzas del Gobernador Lorenzo Fitz Gerald y  Ceruti fue contundente.  Un fuego vivísimo y una artillería bien servida se erigió en obstáculo.  El oficial Juan José Conde describe la tentativa de ocupar la ciudad así:

“Piar dispuso que llamasen la atención del enemigo los coroneles Pedro León Torres por la batería 2 y José María Chipía, por el atrincheramiento de la Alameda con cien hombres cada uno.  Entre tanto el sereno y laborioso coronel Bartolomé Salom fue destinado con poco más de doscientos hombres para dar el ataque principal por el atrincheramiento de Perroseco.  El resto del ejército quedó de reserva al pie del Cerro del Zamuro, frente al reducto enemigo con los Generales Piar y Cedeño.  La noche estaba húmeda y tenebrosa, ni unos a otros nos mirábamos.  A las doce nos pusimos en movimiento pero el enemigo, sin duda advertido de ello por su espionaje y el ladrido de algunos perros, rompió, el primero, con fogosa artillería y mosquetería en toda la cortina, baterías y buques de guerra, cuya luz igualaba casi la del mediodía.  En tan malograda empresa perdimos más de setenta de tropa que perecieron trepando impávidos los fosos y atrincheramientos de Perroseco donde murieron los valientes Comandantes Joaquín Peña y Capitán Pedro Cadenas, muchos se salvaron de ser fusilados unos a otros a favor de las voces papelón y queso que era la seña y contraseña.  Más afortunado el Coronel Pedro León Torres, pudo sorprender a los enemigos del número 2 y ocupar esta batería, pero al dar parte para que la reserva auxiliase, el enemigo desembarazado de su principal atención lo obligó con los fuegos del reducto a retirarse.  En fin cada uno por donde pudo se incorporó a la reserva.

Al siguiente día después de recogidos algunos heridos, nos retiramos al sitio del Juncal, legua y media de la plaza.  Piar dispuso por orden general que el Coronel Salom y los demás oficiales que asistieron al asalto llevasen en el pecho de sus casacas, pendientes de una cinta roja, el mote distintivo ´Valor y fortuna en Perro Seco, 1817”.

            De manera que los patriotas no pudieron consumar el plan como pretendían.  Las pérdidas fueron relativamente cuantiosas.  Piar, sin embargo, elogió en su diario de operaciones el denuedo y bravura con que arremetieron sus soldados,  principalmente los de Pero Seco y La Alameda aunque no pudieron penetrar. Tan sólo  la tropa del coronel Pedro León Torres, llena de coraje saltó valientemente la trinchera por entre las bayonetas y las bocas de fuego, liquidando a los soldados que tuvieron valor para sostenerse, pero luego tuvo que replegarse.

            Piar que había aplazado contestar el oficio del Libertador, recibido con casi dos meses de retardo en el Paso de Maripa, para darle mejores noticias de sus operaciones, se limitaba ahora a lo siguiente desde la Mesa de Angostura:

            “Excmo. Señor:  El día mismo en que pasado el Caura me preparaba para mover el ejército sobre la capital de Guayana, tuve el honor de recibir el oficio de VE fecha 7 de Noviembre último.  Su recepción produjo generalmente una embriaguez de placer solo igual a la que sigue a la victoria.  La aproximación de VE a su patria y los nuevos auxilios que la ofrece, son las mas lisonjeras noticias con que pudiera halagarnos.

            Como según aquel oficio yo espero que VE haya llegado a alguno de nuestros puertos, me apresuro a darle una idea de mi situación actual, de las ventajas obtenidas en esa provincia y de los medios que se necesitan para asegurar el éxito de la campaña.

            Las fuerzas enemigas batidas en el Caura (como verá VE en el adjunto boletín) replegaron a la capital, entregándome todo lo interior de la provincia, esto es,  todo el territorio desde las bocas del Caroní hasta más allá de las del Meta.  Me acerqué a la plaza el 13 del corriente y después de estar frente de ella cuatro día, resolví el 17 un reconocimiento con toda la fuerza aproximándome cuanto fuese posible.  Las observaciones hechas este día me animaron a hacer una tentativa sobre ella, y en efecto el 18 entre la una y las dos de la mañana se ejecutó un ataque que nos hizo dueños de una de las baterías, y destruyó la fuerza que la defendía, y aumentó el terror de que estaba poseído el enemigo.

            A pesar de estas ventajas, nuestras tropas no pudieron penetrar porque rechazada otra división que debía forzar otro puesto y las que destiné para llamar la atención por diferentes puntos, la división vencedora replegó también y volvió a abandonar el terreno ganado.  Frustrada así la empresa con pérdida de ochenta hombres entre muertos y heridos e informado por los prisioneros tomados aquella noche de que todos los intereses y municiones están  a bordo y que nada lograré con ocupar las paredes, he desistido de tomar la plaza por asalto, y me he limitado a estrecharla por sitio.

            Este plan me parece más conveniente, así porque es más seguro y menos costoso, como porque da lugar a que se venga a las bocas la escuadrilla que VE ha traído y lograremos por ese medio batir y apresar la enemiga que de otro modo se llevaría todos los causales.

            Yo espero que siendo mi proyecto tan conforme al bien de la patria y a las intenciones y planes de VE merecerá su aprobación y la cooperación que pido de las fuerzas marítimas.  Nada hay que temer respecto a ellas.  La escuadrilla enemiga lejos de ser tan fuerte como se ha creído hasta ahora, es muy débil por su número y más aun por su tripulación.

            Las ventajas que nos ofrece esta provincia libre son incalculables.  Los inmensos caudales de los españoles en ella nos proporcionan medios para adquirir de los extranjeros elementos militares; su situación nos da un asilo seguro, y la moral pura de sus habitantes, no corrompidos todavía, nos permite la organización de un ejercito fuerte y valeroso, capaz de libertar la República si VE viene a Guayana.  Todos estos recursos manejados por su sabia dirección adquirirán un nuevo mérito y producirán efectos más grandes.  Los enemigos internos y externos temblarán; los pueblos concebirán esperanzas de ver restablecida la libertad, al contemplar nuestra situación militar, y todos los negocios tomarán un paso firme y regular.  Dios guarde a VE muchos años.  Manuel Piar”.

            Ese mismo día, Piar se dirige a los Generales José María Freites y Pedro Zaraza para que reconozcan, obedezcan  y se sometan a la autoridad del General Juan Bautista Arismendi  que ha pasado de Margarita a tierra firme con 200 soldados para reforzar la plaza de Barcelona.

            El problema que se le presentaba a Piar era que la inacción solía provocar la deserción y la única manera de evitarla era mantener las tropas en completa acción, muchas veces sin medir los riesgos.  La tentativa de tomar la ciudad sin apoyo naval fue conscientemente riesgosa, pero había que mantener la dinámica del ejército y en función de ella dispuso ocupar las Misiones del Caroní, mientras buena parte de la caballería del General Cedeño continuaba  al frente de Angostura.

            Emprende la marcha.  El 21 hace una parada con su Ejército en la Yegüera y aquí recibe oficio del Libertador comunicándole su arribo a Barcelona con una fuerte escuadra, y con todos los elementos de armas y municiones necesarios para continuar la campaña. El Libertador le afirma que ha salido ya la escuadra con dirección a las Bocas del Orinoco para que se apoderen del río y cooperen con las operaciones militares sobre la provincia de Guayana.

            Al día siguiente redacta y envía instrucciones para el Teniente coronel Miguel Armas, a quien ha dejado comandando la División que sitia la Ciudad de Angostura:  Las instrucciones de nueve artículos, disponen lo siguiente:

            Art. 1.-  El Teniente coronel Miguel Armas  tomará el mando de la división de caballería que queda cubriendo la línea  contra Guayana.  Esta división se compone de los escuadrones de Caycara y Altagracia.

            Art. 2,- Establecerá su línea en la misma forma que la tiene el ejército.

            Art. 3.- De día nombrará una partida de observación de 30 hombres, los cuales se dividirán en tres partidas de a 10 cada una, que se situarán a distancia de un cuarto de legua la una de la otra.  El resto de la división se mantendrá reunida en el lugar más conveniente para que los caballos coman y descansen.

             Art. 4.-  A las cinco de la tarde hará reunir todas las fuerzas para que pasen lista.  Después de pasar ésta, formará del todo tres divisiones que se apostarán en la misma forma que las guardias de observación en el lugar más conveniente, mudando todas las noches de posición.

Art. 5.- Cada una de las tres divisiones dará una avanzada particular, que se situará en las avenidas.

            Art. 6.- Al amanecer hará reunir todas las divisiones y machará con ellas a hacer el reconocimiento sobre la plaza con todas las precauciones necesarias para no caer en las emboscadas que el enemigo pueda amarle.  Después de hecho el reconocimiento se retirará al campamento que haya elegido para pasar el día, dejando ya establecidas las guardias de observación.

            Art. 7.- Cuando haga el reconocimiento, registrará con el mayor escrúpulo todas las salidas de la plaza, para ver por las huellas si han estado o salido tropas y arreglar su conducta conforme a las observaciones que se hagan.

            Art. 8.- Si por algún caso sufriera su división alguna desgracia, se retirará con las reliquias hacia el Caroní, procurando incorporarse al ejército.  Pero llevará consigo todos los caballos que quedan empotrados y todo el hospital.

            Art. 9.- Frecuentemente me dará parte de su situación, haya o no novedad, bien entendido, que en caso que ocurra alguna se me participará en el acto.  Manuel Piar.

            El 26 de enero de ese año 1917, el General Piar llega al Hato San Felipe de los Hermanos Gaspar y Bibiano Vidal. Mantiene un diálogo amistoso y logra sumarlos a su ejército que necesita de ellos y de sus hombres, pero también caballos, pues el Escuadrón de Dragones de Caracas, bajo el mando del comandante Ramón Segura, al conocer la llegada del Libertador a Barcelona, desertó dejando a la infantería sin caballería, pues Cedeño aún tardaba en integrarse al Ejercito pues al parecer no había hallado embarcaciones para pasar Caruachi.  Piar se dirige al Libertador en una extensa carta pidiendo severo castigo para los desertores, especialmente para el Comandante Ramón Segura, el coronel graduado Teodoro Figueredo, el cirujano Servellón  Urbina y el Capitán Durand.

            El Hato San Felipe, con miles de cabezas, era entonces el más grande latifundio, con 35 leguas y se extendía desde el Caroní hasta el río Guaimire que desemboca en el Orinoco, veinte kilómetros al oriente de Angostura.  Allí Piar levantó provisionalmente su Cuartel para planificar su entrada y dominio de las Misiones del Caroní.

            En San Felipe, Piar recibe oficio del Libertador anunciándole su arribo a Barcelona, dándole órdenes sobre lo que debe ejecutarse y pidiéndole informes detallados de sus operaciones, resultados, y de lo que piensa seguir haciendo.  Piar, que ya se había anticipado, prefiere para más detalles y por temor a que el enemigo intercepte su correspondencia, enviar personalmente a su edecán Quintín Vallenilla, sargento mayor con experiencia en la guerra de Apure y Nueva Granada.

            El Libertador, en ese mismo oficio fechado el primero de enero en Barcelona, pedía a Piar repasar el Orinoco y enviarle un lote de caballos, pero Piar le responde con pesar por no poder hacerlo debido a que el Orinoco está dominado por el enemigo con una escuadrilla considerable, mientras que él no cuenta con un solo buque, y estando compuesto su ejército por la mayor parte de vecinos de Guayana, estará expuesto  a un seguro revés; sin embargo le promete que una vez pasado el Caroní, la situación será distinta.

            Veintitrés días después de este oficio enviado por el Libertador a Piar, le remite otro pidiéndole precipite sus marchas con todas sus fuerzas sobre la plaza de Barcelona amenazada por el enemigo desde Unare y la cual estaba resuelto a defender y sostener a como diera lugar.  Igual orden fue trasmitida a los demás jefes de divisiones, pero Piar alega y está convencido que “la rendición de Guayana es inevitable y me veo en la necesidad de continuar la campaña, a pesar de que mis deseos me llaman al lado de V.E.”  Y, en efecto, Piar se olvida de Barcelona, desmonta el Cuartel de San Felipe y se enrumba hacia Caruachi.




            

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