sábado, 8 de junio de 2013

CAPITULO XIV / Piar abandona a Bolívar


Piar decide separarse del ejército – Bolívar se apresura a pedirle al Padre Blanco abandone las Misiones y venga a su lado – Lo participa a Piar y le exige desistir de su propósito -  Piar permanece firme en su  decisión y solicita pasaporte – Sucre y Urdaneta llegan a Guayana – El hambre rinde a la guarnición de Angostura  que es tomada por los patriotas -  Piar  denunciado por el Coronel Juan Francisco Sánchez -  El Jefe Supremo ordena detenerlo - Piar cruza el Orinoco y propicia un encuentro con Mariño – Mariño y Piar tratan de tomar la plaza de Maturín - Bolívar entra a la ciudad de Angostura, establece su Gobierno y la declara capital civil y militar. 

            El General en Jefe Manuel Piar ya no quiere seguir discutiendo el caso del Padre Blanco a quien el Libertador tiene en alta estima y dispensa gran confianza, de modo que junto con el informe de Briceño Méndez envió un oficio planteando al Jefe Supremo separarse  de su puesto.  Ante este planteamiento, el Libertador trató de evitarlo ordenando al Padre Blanco viniese inmediatamente a su cuartel “y aquí veremos lo que convenga hacer para destinarlo a V honrosamente”.  De esta resolución da cuenta a Piar desde San Félix el mismo día 19 de junio:

            “Mi querido General:  Acabo de recibir la apreciable carta de V del 16, y en consecuencia de ella oficio ahora mismo y escribo en particular al Comisionado de las misiones llamándolo, pues he resuelto eximirlo  del  encargo  que  tenia  de  órdenes  de  U.  y  mías.  Con  esto  queda  transigido  todo  compromiso  con  el  Padre  Blanco,  servidor  útil  en  cualquier  otro  puesto;  y  esto  lo  hago  por  complacer  á  U.  hasta  en  una  equivocación   suya,  que  la  padece  cuando  me  dice  que  ya  Blanco  no  podrá  ser  su  amigo.  Mayor  es  la  equivocación  creyendo  que  él  está  animado  de  prevención  contra  U.—Yo conozco  al  Padre  Blanco,  lo  que  no  U.  Es  que  éste  suele  ser  inflexible  hasta  conmigo  en  las  reglas.
            En  cuanto  al  General  Arismendi,  también  está  U.  equivocado  y  no  lo  extraño,  porque  éste  ha  estado  hasta  ahora  á  alguna  distancia  para  el  examen  de  su  proceder.  Aquellas  mulas,  á  que  se  refiere  y  por que  le  hace  U.  cargos,  que  pasaron  el  Pueblito,  como  las  que  mandó  el  General   Cedeño  y  como  otras  y  otros  animales,  no  han  sido  robadas.  ¡Por  Dios  General!  ¿Y  qué  dirán  entonces  nuestros  enemigos  y  calumniadores  ¿No  sabe  U.  que  con  las  mulas,  ganados  y  otros  valores,  se  han  buscado  en  las  colonias  y  se  han  proporcionado  aquí  mismo  elementos   de  guerra  que  no teníamos  y  subsistencia  y  abrigo  para  los  cuerpos?.
            General:  prefiero  un  combate  con  los  españoles  á  estos  disgustos  entre  los  patriotas.  U.  sí  que  está  prevenido  contra  su  compañero,  que  debe  saber  que  son  amigos  y  de  quien  no  debe  separarse  para  el  mejor  servicio  de  la  causa.  Lo  contrario  es  servir  á  la  de  la  opresión.  Sí:  si  nos  dividimos;  si  nos  anarquizamos;  si  nos  destrozamos  mutuamente,  aclararemos  las  filas  republicanas,  haremos  fuertes  las  de  los  godos,  triunfará  España,  y  con  razón  nos  titularán  vagabundos.
            No  insista  U.  en  separarse  de  su  puesto.  Si  U.  estuviera  á  la  cabeza,  yo  no  lo  abandonaría,  como  no  abandonaré  al  que  lo  esté  mañana,  sea  quien  sea,  con  tal  que  tenga  legitimidad  y  lo  necesite  la  patria.  La  patria  lo  necesita   á  U.  hoy  como  lo  que  es  y mañana  habrá  de  necesitarlo  como  lo  que  por  sus  servicios  llegare  á  ser.
            No  dude  de  mi  sinceridad.  Avíseme  qué  otra  medida  conviene  dictar  en  el  Gobierno  de  las  Misiones  de  acuerdo  con  U. Soy  un  amigo  de  corazón,                                                   Bolívar”.     

            Pero aún con esta carta y la salida inmediata del Comisionado de las Misiones, el General Piar no se siente satisfecho e insiste separarse de su cargo y en consecuencia  pide pasaporte para movilizarse dentro y fuera de Venezuela, a lo cual accede el Jefe Supremo, sin más alternativa:

                “Simón  Bolívar,  Jefe  Supremo  de  la  Republica   de  Venezuela,  Capitán  general  de  sus  Ejércitos  y  de  los  de  la   Nueva  Granada,  &.,  &.,  &.,

            Concedo  libre  y  seguro  pasaporte  al  Excelentísimo  General  en  Jefe  Manuel  Piar,  para  que  pase  al  lugar  que  tenga  á  bien,  en  el  territorio  de  la  República  ó  para  el  extranjero,  y  que  en  el  buque  que  le  acomode  pueda  trasladarse  á  las  colonias  extranjeras:  por  tanto,  ordeno  y  mando  á  las  autoridades  sujetas  á  la  República  y  á  las  neutrales  y  amigas  ruego  y  encargo,  le  presten  los  auxilios  que  necesite, quedando  nosotros  obligados  á  hacerlo  con  los  de  su  nación.  Dado,  firmado  de  mi  mano,  sellado  con  el  provisional  de  la  República,  refrendado  por  el  Secretario  de  la  Guerra  en  el  Cuartel  general  de  San  Miguel,  á  30  de  Junio  de  1817.  Bolívar.  (L. S).   J.  G.  Pérez ,   Secretario  de  Guerra”.       

            Piar recibió el Pasaporte al día siguiente y el cuatro, el Libertador fue sorpresivamente atacado en la laguna de Casacoima por el realista Juan Cosmos, donde estuvo a punto de perecer junto con los oficiales que le acompañaban de no ser por el oportuno auxilio del Capitán Bibiano Vidal.  Perdido en el bosque cayó en una especie de éxtasis y profetizó en elocuente arenga  que dentro de poco Venezuela y Colombia serían libres y marcharía al Sur hasta lograr con su espada la libertad del Perú.  Los oficiales que lo oyeron se alarmaron porque creían que el Libertador había perdido la razón.

Piar permaneció en la villa de Upata hasta la primera semana de julio cuando se dirigió a El Juncal donde se estacionó durante ocho días.  Luego se ausentó en dirección a la Mesa de Angostura, en compañía de sus edecanes Juan Antonio Mina y  Jorge Melena y vario efectivos de los llamados Dragones de Piar. Aquí conferenció con el General Manuel Cedeño, quien había sido relegado por fuerza de jerarquía a segundo del General José Francisco Bermúdez en el comando y control del sitio de Angostura que junto con los Castillos de Guayana la vieja, constituía el último  baluarte de resistencia de los españoles leales a la Corona.

Piar había conferenciado con Cedeño sobre su situación y pedido hablara con el Jefe Supremo para que un Consejo de Guerra examinara las acusaciones públicas de que era objeto con relación a apropiación de intereses del Estado.  Cedeño lo complació y se trasladó al Cuartel General.

Para esa fecha el bloqueo era completo por todas partes, y a medida que pasaban los días aumentaba el hambre que ya se había hecho general e insufrible para los sitiados, según cuenta el coronel realista Rafael Sevilla, uno de los defensores de la ciudad, en su libro “Memorias de un militar”. En tan suprema angustia y sin esperanza, pues el General Morillo que venía en su auxilio con un poderoso ejército, fue llamado urgentemente a la isla de Margarita cuando se hallaba a 15 jornadas de Angostura.

Ante esta situación, el brigadier La Torre mandó reunir en el almacén militar todas las pocas provisiones que había en poder de los particulares, y a partir del 15, desde el general hasta el último soldado, desde el acaudalado comerciante hasta el más infeliz particular, fueron reducidos a una ración mínima.

Los sitiados se sostuvieron sufriendo miseria indecible y combates diarios hasta el 15 de julio que el brigadier La Torre reunió junta de jefes y oficiales, ampliada con los representante civiles, a la que exhortó a rendirse con las siguientes palabras:  “Con hombres como vosotros, si tuviéramos que comer, sostendríamos esta ciudad por España durante diez años, contra todo el poder de los rebeldes del continente.  Pero contra un hambre de cuatro meses no hay héroes; ni Alejandro ni César ni Cortés ni Napoleón, han conseguido luchar contra este enemigo interior, impalpable,  que llevamos clavado en las entrañas como un cáncer mortal, que cada día se agrava más y nos va diezmando uno a uno.  Señores, Guayana ha hecho todo cuando cabe dentro del poder humano, por mantener en sus torres el pabellón español, a cuya sombra nación y fue feliz.  No hay posibilidad de prolongar más una lucha con hombres que caen muertos de extenuación al lado de nuestros cañones.  El problema que hay que resolver ahora es abandonar la plaza sin caer en las garras del enemigo”.

El 16 por la noche empezaron a embarcar oficiales, soldados y familias con sus equipajes más necesarios,  en las embarcaciones –corbeta, bergantín, goletas, polacras y piraguas- ancladas en el puerto y tres días después  tras 40 leguas de navegación, arribaron a los Castillos.  De la noche del 20 al 21 desembarcaron y allí encontraron para dos días maíz que comer viéndose en seguida en la misma necesidad anterior y tan cercados como en Angostura.  El primero de agosto se reembarcaron y en la madruga del dos zarparon buscando escape hacia el mar.  Sobrevivieron a los ataques de las flotillas de Brión y de la infantería desde la costa.  El día cuatro arribaron en Caño Grande, anclando en el fondeadero de Pagallos, a 24 leguas de los Castillos.  El día 6 atravesaron la barra del Orinoco y al salir al mar encontraron varada la barca mercante Dolores del convoy en que iba el Obispo José Ventura y Cabello, enfermos y heridos, los cuales buscaron protección en la isla Guacamaya, donde el anciano prelado falleció el 21 de agosto. Ya en mar franca navegaron con viento favorable y a las nueve de la noche del día ocho llegaron a Granada donde recibieron la protección del gobierno de la isla, 620 soldados, 200 marineros y 700 civiles entre hombres, mujeres y niños a bordo de 14 embarcaciones.  El Gobernador Laurence Fitzgerald, quien también llegó a Granada, fue dado luego de baja en el ejército español y de quien se dijo favorecía a los patriotas.  Lo cierto es que el Libertador hizo circular el 29 de julio, una orden a los jefes, oficiales y tripulación de las fuerzas navales, informando que el gobernador Fitgerald no era enemigo de la independencia, aunque ejecutara las órdenes de La Torre por estar obligado a obedecerle, y a quien en caso de caer prisionero se le tratara con toda consideración.

            Tan pronto Angostura fue abandonada por  las autoridades realistas y numerosas familias, la División de Bermúdez ocupó la ciudad al día siguiente, 18 de julio, y las fortalezas de Guayana la vieja cayeron en manos de los patriotas el 3 de agosto.

Cuando Cedeño regresó del Cuartel General ya la ciudad de Angostura había sido evacuada. El Jefe Supremo le había comunicado que no había tiempo para estar convocando al Consejo de Guerra.  Piar durante ese ínterin había tenido oportunidad de entrevistarse con algunos oficiales, entre ellos con el Coronel Juan Francisco Sánchez,. quien el día 20 informó al Libertador sobre todo lo tratado con Piar y expresando su preocupación si le permitían pasar el Orinoco pues sus fines planteaban la sedición.  Piar pregonaba que tres o cuatro mantuanos se habían  alzado con el ejército después del triunfo de San Félix y de aprovecharse de sus trabajos y de su victoria en Guayana para gloria propia y menoscabo de la suya.

 Seis días después el Jefe Supremo libra orden al General  Bermúdez “para que intime al General Piar que se presente en este cuartel (Casacoima), o lo remita preso con seguridad, si no obedeciere  a aquella intimación”. Asimismo, ordena a Carlos Soublette, Sub jefe del Estado Mayor, para que prevenga a los Comandantes del tránsito de Caruachi hasta la  línea donde él se encuentra, a objeto de que velen sobre la conducta de Piar, e impidan que tome otra dirección que no sea la de Casacoima.

Bermúdez, desde su despacho en Angostura,  comisiona a su edecán, Capitán de infantería  Ramón Machado, para que vaya a la posada donde se halla hospedado Piar y lo invite a pasar por su casa de habitación que desea hablar con él para trasmitirle un mensaje del Jefe Supremo, pero Piar le dice que no puede ahora por hallarse indispuesto.   Esta invitación del General Bermúdez venía a confirmar lo que por vía de su edecán Meleán, ya sabía, de manera que toma sus previsiones y se alista para enrumbarse  por la noche al otro lado del Orinoco.

Al parecer, Piar se hallaba hospedado en una casa de la Familia Farreras.  Allí se supone que conoció a Mónica Farreras con la cual tuvo a  Inés, su segunda hija (la primera, Elizabeta, la tuvo en su matrimonio con María Marta Boon). Inés, de la que nunca supo ni pudo conocer, se casó a temprana edad con Tomás Vásquez León, de cuya unión nació Mercedes Vásquez Farreras, esposa del General Ramón Cecilio Farreras, quien llegó a ser Gobernador y Jefe Militar de Guayana al final  de la Guerra Libertadora. 

Piar pasó a Soledad después de haber preparado su fuga en varias curiaras.  En unas iban su concubina Mónica Farreras, dos mulas y sus archivos privados; en otras, bastante adelantada, había pasado Piar escoltado por sus dragones.  Bermúdez supo de la fuga de Piar muy tarde, de todas maneras se movilizó y logró devolver a la orilla las embarcaciones donde iban su mujer y sus archivos, mientras Piar devoraba distancias favorecido por las sombras de la noche. Se detuvo en Cucasana donde fue atendido por el oficial José Lara y luego prosiguió con suerte hasta Maturín. Desmontó en la posada del General Andrés Rojas, comandante de la plaza, donde fue atendido y saludado por otros oficiales.

Desde Maturín buscó contacto y acercamiento con Mariño, quien para desgracia suya había sido atacado y derrotado desde Cariaco hasta Carúpano y Güiria por las tropas de Morillo, reforzadas con tres mil hombres venidos de España que Canterc conducía hacia El Perú. Los patriotas perdieron la artillería, el armamento, más de ciento cincuenta soldados, muertos y prisioneros, entre ellos, el Teniente coronel Francisco Jugo, Francisco Sucre y Antonio Herrera, fusilados luego por orden de Morillo. Mariño se hallaba en San Francisco y allí recibió noticias de Piar e inmediatamente mandó por él al Coronel Izabal junto con otros oficiales.

Juntos pusieron en práctica un proyecto de hostilidad para apoderarse de la plaza de Maturín, donde se presentaron ambos el 17 de agosto  con 200 hombres armados, para lo cual Mariño había llamado a Chaguaramal las tropas que tenía sobre Cumanacoa.  Según carta del General Andrés Rojas al Libertador, los jefes convidados se establecieron en la otra orilla del Guarapiche frente a la ciudad de Maturín y le propusieron entrar  al pueblo, a lo que se negó aceptándolo tan solo a ellos, no así  las tropas. Piar y Mariño, de todas maneras, se movilizaron para intentar cruzar el Guarapiche  pero antes de que avanzaran les advirtió que haría fuego contra ellas, de manera que para evitar un desastre llegaron a un acuerdo.  Rojas les cubriría sus carencias de pólvora, papel, caja de guerra y unas cien reses.

A raíz de este suceso, el General Andrés Rojas se apresura a escribirle al Libertador y entre otras cuestiones  le informa lo de Piar; que éste ha  pasado a Cumanacoa y le hizo saber se había venido huyendo de Guayana porque Bolívar se había proclamado rey y que,  dirigiéndose la guerra contra los reyes, era preciso pelear contra  él para lo cual las tropas juraron sacrificar la última gota de sangre contra la autoridad suprema, visto lo cual le reiteraba el pedido de auxilio, toda vez que la plaza de Maturín se encontraba débil y sin pertrechos,  siendo muy poco lo que podía hacer.   

            Sucre  y Urdaneta  llegaron a la Mesa de Angostura el 15 de julio al separarse de Mariño tras el Congresillo de Cariaco e inmediatamente fueron utilizados por el Libertador, el primero como Comandante del Bajo Orinoco, y el segundo como Jefe de la División que mandaba Piar en Upata, pero antes de que éste tomara posesión, los llamados Dragones de Piar desertaron e  intentaron sublevarse, pero fueron  sometidos.  Bolívar entonces ordenó a Bermúdez procediese a la prisión de los revoltosos y su sometimiento a un Consejo de Guerra, lo cual no fue necesario porque casi todos se arrepintieron y volvieron al ejército, incluyendo al capitán José Antonio Minas,  edecán de Piar..

            El 12 de septiembre, Bolívar sale del puerto de San Miguel para establecer el gobierno en la Angostura del Orinoco y antes de hacerlo escribe al Padre Blanco informándole que ha dejado encargado de la línea del Bajo Orinoco al General Rafael Urdaneta y que debe venir a conferenciar con él para combinar el arreglo de abastos y el modo de evitar todos los desórdenes que han venido ocurriendo hasta ahora.

            El 13 de septiembre, Bolívar entra en Angostura y la declara capital civil y militar.  La ciudad apenas había quedado con unas cinco mil almas.  Un expedicionario inglés la describe para entonces como “de forma triangular levantada en la vertiente de una colina coronada por un fuerte.  La base del triángulo, que era la calle mayor, seguía la margen del río por encima de la marca de las aguas altas.  Cerca del vértice se hallaba la plaza, de una hectárea aproximadamente, de la cual partían siete calles colina abajo, cruzadas por siete avenidas paralelas, que terminaban cerca de la ribera.

            En la cumbre del cerro había un pequeño fuerte, debajo del cual se veía un pintoresco convento que se había convertido en hospital.  La plaza empedrada estaba flaqueada en su lado más alto por la casa de la Guardia, prisiones y cuarteles militares, mientras que la casa de Gobierno dominaba el lado más bajo.  Entre las otras edificaciones estaba el Palacio Episcopal, una capilla y la vicaría, la Magistratura, algunas oficinas y tres casas articulares.

            Bordeando la calle mayor había algunas casas de piedra, unas tiendas y una taberna con billar y mesas de juego, donde la cerveza oscura tenía fama de excelente.  En el extremo oeste de la ciudad estaban las casas de los pobres, hechas casi todas de bahareque”.





       

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