domingo, 9 de junio de 2013

CAPITULO XIII / Piar versus Padre Blanco


Conflictos y malos entendidos entre el General Piar y el Coronel José Félix Blanco – Brión zarpa con su escuadra desde Pampatar a cerrar el sitio de Angostura – Urdaneta y Sucre desconocen a Mariño y reafirman lealtad al Libertador - Sacar al Padre Blanco de las Misiones pide  Piar y el Libertador accede tras intentar en vano una reconciliación – Disuelto el Congresillo de Cariaco y todos los integrantes emigran a la Angostura – Reforma del  gobierno que aspiraba Piar.

El Libertador tan pronto estaba en El Juncal como en San Miguel y San Félix, desplazándose entre la márgenes derechas del Orinoco y del Caroní, mientras el General Manuel Piar, con su Escuadrón de Dragones, permanecía instalado en Upata, muy cerca del Coronel Pbro. José Félix  Blanco, quien residía en Capapuy y  desde allí administraba el granero de las Misiones con cierto rigor y disciplina, pero cuando Piar perdió el control o la jefatura máxima en la Provincia, las relaciones con el Padre Blanco comenzaron a deteriorarse.
La negativa del Padre Blanco de complacer a Piar con relación al ocultamiento de la verdadera existencia de vacunos en las Misiones, se agravó cuando una diligencia  que venía de Santa María con una carga de cazabe, fue objeto de prevención por las alcabalas de la Comandancia de las Misiones.  Entonces, Piar  llegó a proferir muy molesto  que había una especie de complot de oficiales caraqueños contra él, a lo que el Padre Blanco desde Cupapuy, donde residía, respondió por escrito el 28 de mayo:

            “Mi apreciado General:
Como V. verá del oficio que le paso de la comandancia general, el soldado de dragones que arreó los caballos  con  la  mula  y  el  cazabe  que  él  trajo  de  Santa  María, no  avisó  como  debía  que  eran  para  V. que  al  haber  avisado  ninguna  novedad  habría  ocurrido, aunque  para  el  mejor  servicio  tengo  dispuesto  que  ni  ganados, ni  bestias, ni  víveres salgan  sin  autorización  expresa  de  la  comandancia  y  sin  que  conste  el  objeto  à  que  sean  destinados.
            Lo   que  hay  en  estas  Misiones  está  à  la  orden  de  V;  pero  por  conveniencia  del  servicio, por  el  crédito  de  la  causa  y  por  honor  de  sus  servidores, debemos  dirigirlos  todo  con  la  regularidad  posible.
            Esto  es  lo  que  hay  General;  y  no  prevención  ni  complot  de  caraqueños  como  V. ha  manifestado  creer.  Por  mi  parte  daré  una  prueba  de  que  no  he  traído  à  este  puesto  otro  encargo  que  el  público, para  el que  usted me  designó,  colmándome  entonces,  de  elogios;  y  de  que  no  abrigo  voluntad  de  choque  con  usted esa  prueba  será  pedir  al  Jefe  Supremo  que  acuerde  mi  retiro  del  mando  de  estas  Misiones.  Mis  servicios  à   la  causa  de  la  libertad  pueden  tener  lugar  en  otra  parte.
                Sin   mudanza,  que  no  es  de  la  lealtad  con  que  acostumbro  proceder,  soy  siempre  su  sincero  amigo,  José  Fx.  Blanco”.
                  
            Aparentemente, Piar se manifestó satisfecho con la explicación del Padre Blanco, pero le recomendó para lo sucesivo evitar comprometimientos semejantes:

            Mi  apreciado  amigo :
            Mucho  he  celebrado  ver  la  explicación  de  usted porque à  lo  menos  me  convence  que  si  faltó,  no  lo  fue  con  ánimo  directo  de  ofenderme.  Le  confieso  à  U. de  buena  fe  y  con  franqueza  que  la  nimiedad  del  asunto  con  otras  mil  circunstancias  que  han  concurrido,  me  hicieron  vacilar  en  el  primer  momento,  y  aun  me  incliné  à  creer  que  U.  estaba  dispuesto  à  chocar  conmigo.
            Para  que  U.  vea  que  no  soy  tan  ligero,  y  que  cuando  digo  algo  tengo  fundamento  en  qué  apoyarme,  le  incluyo  una  copia  del  oficio  del  Teniente  de  Santa  María.  En  él  consta  que  el  cazabe  venia  destinado para  mi,  y  sin  un  documento  que  lo  acreditase  no  me  habría  yo  atrevido  à  quebrar  con  U.  à  quien  tengo  por  mi  amigo.
            En  fin,  estoy  satisfecho  con  el  oficio  y  carta  de  U, pero  le  recomiendo  que  en  lo  sucesivo  evitemos  comprometimientos  semejantes.
            Soy  siempre  de  usted  atento  servidor  y  amigo.   Piar”.    
           
            Piar, aunque virtualmente expresó estar satisfecho con la explicación del Padre Blanco, no se dio por convencido e impartió instrucciones a los subalternos de la Misión para que no obedeciesen al sacerdote.  Al mismo tiempo lo comunicó al Libertador y le planteó que la autoridad del Padre Blanco era innecesaria y que, por lo tanto, había ordenado a los jueces de las Misiones para que se entendieran directamente con el Jefe Supremo.
            El Padre Blanco, al saberlo, se quejó de la situación, por lo que el Libertador lo llamó a la calma reconociéndole que si bien era justa su queja, de inmediato no podía hacer mayor cosa a su favor pues la situación ameritaba mucha prudencia por cuanto ella debe revestir a un jefe de estado para sobrellevar los negocios del Gobierno    siguiendo  el  giro  de  las  circunstancias.
            A esta altura, el Orinoco no había podido ser controlado por los patriotas y los intentos de armar artillerías en ambas costas, inmediatas a Angostura, eran frustrados por los comandos que desde La Alameda organizaba el Coronel Echeverría.  Ante esta situación constantemente reportada, el Libertador ordenó al Almirante Luis Brión concurriera con su escuadra a cerrar definitivamente el sitio.  Finalizando el mes de mayo salió la escuadra de Brión desde el Puerto de Pampatar integrada por  tres bergantines, tres goletas,  y cinco flecheras, mandadas estas últimas por el capitán Antonio Díaz.
            Entre tanto, la situación en las Misiones se agravaba por las constantes quejas y denuncias del Padre Blanco, quien llegó a ciertas inferencias de la que informó al Libertador en torno a comentarios de Piar coincidentes con el Congreso de Cariaco y la necesidad de crear un Gobierno más amplio.  Al Libertador le disgustó la inferencia y la calificó de  infausta.  De modo que en carta de respuesta al Padre Blanco, fechada en San Félix el 12 de junio,  le dice:  “Esta  monstruosidad  yo  la  conozco;  pues  el  General  Piar  no  ha  podido  revocar  mis  órdenes, ni  alterar  el  sistema  ya  establecido. Pero  en   estas  circunstancias,  en  que  estamos  esperando  de  un  momento  à  otro  al  enemigo,  es  prudencia  sufrirlo  todo  para  que  no  se  nos  disloque  nuestra  miserable  máquina.  El  empeño  de  Piar  era  que  no  quedase  V.  más  de  Comandante  general,  porque  viviendo  él  en  las  Misiones, y  estando V.  de  Jefe  de  ellas,  quedaba  indirectamente  dependiente  de  V.  y  estando  en  choque  abierto  con  V.  le  parecía  un  estado  comparable  à  la  muerte.  Para  cortar  yo  este  inconveniente, y  evitar  otros  muchos  le  propuse  espontáneamente  que  quedase  V.  bajo  sus  órdenes, como  antes  lo  estaba,  para  que  no  fuese  necesario  quitarle  à  V.  el  mando  de  las  Misiones,  que,  en  mi  opinión,  sería  uno  de  los  más  grandes  perjuicios  que  podríamos  sufrir  en  la  época  presente.
            Querido  amigo:  yo  le  pido  à  V.  por  favor  que  sufra  y  calle  como  lo  hacemos  todos  por  el  bien  de  la  Patria, que  bien  ò  mal,  muy  pronto  ha  de  variar  nuestra  situación  de  un  modo  muy  sensible.  Yo  creo  que  no  se  pasará  este  mes  sin  que  la  faz  de  nuestros  negocios  haya  recibido  una  alteración  extraordinaria,  sea  salvándonos,  sea  perdiéndonos,  y  entre  tanto,  trabaje  V.  como  siempre,  con  la actividad,  celo  y  patriotismo  que  necesitamos  para  librarnos  de  nuestros  crueles  enemigos.  No altere V.  en  nada  las  instrucciones  que  ha  recibido  para  el  servicio  del  Ejército,  solo  sí  dirigiéndose  à  Piar  para  que  él  conozca  que  V.  se  somete  voluntariamente,  y  haga  V.  este  nuevo  sacrificio  por  su  país;  pero  no  nos  olvide  V.  ni  nos  deje  de  escribir  todo  lo  que  sea  necesario    
            Adiós  querido  amigo,  mande  V.  á  su  afectísimo  servidor  que  lo  aprecia. Bolívar”.

            Al siguiente día, el Libertador, con la espinita de la inferencia le escribe a Pedro Briceño Méndez, su antiguo Secretario cedido a Piar desde Carúpano, para que se encargue de averiguar hasta donde es cierto lo que le ha comentado el Padre Blanco.  De todas maneras, el Libertador pensó que era bueno enterar a Piar diplomáticamente de ciertos hechos para que no mirase entusiasmado lo de Cariaco. Así que le escribe diciéndole que acaba de recibir  la posta con varias cartas y oficios, entre ellos, uno bastante retardado con el acta del Congreso de Cariaco y una carta del Canónigo  Madariaga,  anunciándole que viaja a Jamaica para de allí escribir a Inglaterra a favor de la Independencia;  oficio del General Andrés Rojas solicitando caballos y dando noticias de Europa, Portugal y España próximos a declarar la guerra y de una gran expedición que venía para América; carta del general Urdaneta desde Cumanacoa informando que ni él ni Sucre ni las tropas de su mando han querido jurar al gobierno surgido del Congreso de Cariaco y que con el parque marchaba para Maturín a la cabeza de 500 fusileros para ponerse  a sus órdenes, que Sucre había ido a Cariaco a obligar a Mariño  a reconocer la autoridad del Libertador y que si no lo hacía vendría también a Maturín con su batallón.

            De estas noticias el Libertador pone en cuenta a Piar en carta fechada el 14 de junio en San Félix justificando que es con el objeto de que le sirva para acelerar o retardar la leva de tropas que de todos modos deben estar siempre organizadas para el día que sean necesarias. También le informa  que de oficio ha escrito al padre Blanco para que se entienda con él sobre las Misiones y que si esto no es posible le informe para tomar la providencia más conveniente

            Lo dispuesto por el Libertador no arregla sino que empeora las cosas, pues las órdenes y contraórdenes de una parte y de la otra repercuten negativamente en la organización y productividad de las misiones.  El Padre Blanco reitera sus quejas en oficios tras oficios y El Libertador le pide paciencia y más paciencia o en todo caso la separación: si no hay más remedio.

            “San  Félix,  17  de  Junio  de  1817. Mi  querido  amigo :          He  recibido  los  oficios  de  V.  que  me  instruyen  del  estado  de  desarreglo  en  que  se  hallan  las  Misiones  por  el  choque  de  autoridades,  y  por  las  oposiciones  de  las  órdenes  entre  sí.  Este  mal,  aunque  es  muy  sensible,  se  debe  tolerar  cuanto  pueda  ser,  por  evitar  todo  disgusto  y  mayores  perjuicios.  Yo  confío  en  el  talento  y  en  la  prudencia  de  V.  para  que  procure  sobrellevar  este  asunto  con  toda  la  paciencia  que  sea  dable,  pues  el  bien  de  la  Patria  así  lo  exige,  y  nosotros  nos  hallamos  en  una  situación  muy  difícil,  y  no  poco  peligrosa;  por  cuya  razón  me  parece  que  es  necesario  sufrir.  Y  llevar  nuestros  asuntos  adelante  hasta  salir  de  los  enemigos  externos.  Después  podremos  arreglarlo  todo,  y  si  no  lo  pudiéremos  hacer  por  circunstancias,  tendremos  paciencia,  y  nos  someteremos  al  imperio  de  la  necesidad.
            Si  a  pesar  de  todo  lo  que  llevo  dicho á  V.  no  podemos  conseguir  nada,  y  los  males  empeoraren  en  lugar  de  mejorarse,  le  aconsejo  á  V.  como  amigo  se  separe  V.  de  su  comisión,  y  la  deje  V  á  disposición  de  quien  la  quiera  tomar,  pues  tener  quebraderos  de  cabeza  sin  utilidad  alguna,  es  necedad   que  no  debe  cometer  un  hombre  de  juicio.
            Esto  es  cuanto  puedo  decir  á  V.  por  ahora,  instándole  de  nuevo,  para  que  no  me  deje  de  escribir  con  frecuencia  siendo  de  V.  como  soy  su  afectísimo  amigo, Bolívar”.   

El mismo día  el Libertador recibió esta respuesta de Pedro  Briceño Méndez, sobre la averiguación que debía hacer con relación al rumor del proyecto de un nuevo gobierno para sustituir su autoridad:    “Según estoy informado por el general Piar –contesta Briceño- no se ha tratado de erección de nuevo gobierno, o a lo menos no ha llegado a su noticia.  Lo que se intenta no es crear, es reformar el que hay, y hablando en términos propios, ayudar a Vd en  el  gobierno. Es  verdad  que  este  pensamiento  tal  vez  no  habría  tenido  lugar  sin  la  farsa  de  Cariaco; pero  también  es  verdad  que  no  tiene  nada  de  semejante  a  aquélla.  Aquí  no  se  pretende  la  menor  cosa  contra  Vd.  su  autoridad  se  respeta,  y  queda  existente.  Toda  la  pretensión  es  dar  a  V  un  senado  o  consejo  para  que  tenga  algo  de  democrática  o  representativa  nuestra  forma  de  gobierno,  y  para  que  haya  quien  trabaje  en  lo  civil  y  político  mientras  Vd  se  ocupa  en  las  atenciones  de  la  guerra.
Esto  es  todo  lo  que  he  podido  saber  en  el  asunto;  pero  se  me  asegura,  que  aunque  tiene  un  gran  partido  este  proyecto,  nunca  fue  el  objeto  de  los  que  lo  concibieron  llevarlo  a  efecto  tumultuariamente,  sino  proponérselo  a  Vd.  y  que  se  ejecutara  con  legitimidad.  No  sé  si  me  engañan.  Creo  que  no,  porque  no  hay  un  motivo.
Yo  no  me  atreveré  a  decir  a  Vd.  mi  opinión.  Siendo  yo  un  ente  puramente  pasivo  debo  pasar  por  todo  y  callar,  además  de  que  no  me  creo  capaz  de  formarla  en  un  negocio  de  tanta  importancia.  Conozco,  sin  embargo  que,  aunque  no  deja  de  tener  sus  inconvenientes,  tiene  también  sus  ventajas  respecto  de  Vd.  y  respecto  a  la  república.
En  el  primer  sentido,  porque  habrá  un  cuerpo  que  comparta  con  Vd.  la  responsabilidad, y  en  quien  podrá  Vd.  descansar.  En  el  segundo  porque  estarán  mejor  servidos  muchos  ramos  del  gobierno  que  es  imposible  puedan  administrase  por  un  hombre  solo,  tan  cargado  siempre  de  atenciones  como  Vd.,  principalmente  en  nuestro  actual  estado  de  desorden  y  desorganización.
Mirando  el  proyecto  del  modo  que  se  lo  he  presentado,  me  parece  que  no  choca  en  nada  con  su  autoridad,  y  puede,  por  el  contrario,  producir  tal  vez  el  efecto  que  se  busca.
Prescindiendo  del  objeto  de  dar  al  gobierno  una  forma  republicana,  se  proponen  también  sus  autores  otro  no  menos  interesante.  ¡Oh,  si  se  lograra,  cuánto  deberíamos  al  que  lo  concibió!  Este  fin  es  ver  si  se  consigue  evitar  los  celos,  temores  y  desconfianzas  que  desgraciadamente  se  han  sembrado  entre  los  generales  y  especialmente  contra  Vd.  Dicen  que  el  general  Mariño,  no  temiendo  ya  el  absoluto  poder  de  Vd.,  entrará  de  buena  fe  en  su  deber,  cosa  que  no  es  de  esperar  de  otra  manera.  Que  los  demás  jefes,  las  tropas  y  los  pueblos  se  aquietarán, y  fundarán  esperanzas  de  ser  libres  al  ver  un  cuerpo  que  representa  sus  derechos  y  que  garantiza  en  cierto  modo  la  libertad.  No  me  toca  decidir  si,  en  efecto,  debamos  prometernos  todo  esto;  pero  tengo  para  mi  que  de  la  unión,  enlace  y  relaciones  que  se  den  a  las  facultades  del  senado  con  la  autoridad  del  jefe  supremo  dependerá  lo  que  deba  esperarse. 
Por  querer  instruir  a  Vd.  detenidamente  de  todo,  me  he  excedido.  Vd.  me  dispensará,  y  conocerá  en  esto  mi  celo,  no  obstante  los  chismes  en  que  no  habrán  dejado  de  envolverme.
Había  jurado  enmudecer  para  no  exponerme  a  otra  crítica  que  la  egoísta  o  tonta;  pero,  la  carta  de  Vd.  me  ha  obligado  a  quebrantar  mi  juramento  por  esta  vez.  Si  es  posible  excusarme  igual  sacrificio,  lo  estimaréis  como  un  favor  muy  distinguido.
El  general  Piar  asegura  a  Vd.  su  amistad,  y  le  protesta  que  si  ha  asentido  el  proyecto  ha  sido  porque  juzga  que  esta  ligera  innovación,  lejos  de  alterar  sus  derechos,  realza  el  brillo  de  la  magistratura  suprema  que  Vd.  ejerce.  El  no  aspira  sino  a  la  unión  y  concordia  general  entre  los  jefes,  y  a  la  libertad  de  la  patria  que  desaparecerá  al  desvanecerse  aquélla.  El  es  amigo  de  Vd.  a  pesar  de  los  esfuerzos que  se  han  hecho  y  se  hacen  para............. P.  Briceño  Méndez”.

A esta fecha ya el Gobierno nombrado por el Congresillo de Cariaco estaba prácticamente disuelto, pues ante la proximidad de las fuerzas de Morillo había resuelto trasladarse a Maturín con el poder judicial, secretarios del despacho, oficiales y familias respectivas, pero al girar órdenes al Almirante con la lista de la comitiva para que aportara el buque, Brión se negó a ello, por estar cumpliendo órdenes del Libertador, con lo cual asestó el golpe de gracia al gobierno general, que terminó disolviéndose.  De todas maneras, todos ellos salieron de Pampatar, juntos con otros emigrados,  en las unidades de la escuadra de Brión y Antonio Díaz  con destino a la Angostura del Orinoco donde quedaron de hecho sometidos a la autoridad del Libertador.
                  
             



                                                                                                                                          


                                    

              





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