martes, 4 de junio de 2013

CAPITULO XXVIII / Piar en la literatura


 Manuel Piar en la vena del poeta de Guayana   –   La tragedia de Piar sobre las tablas.

 

Imágenes espiritualmente reconfortantes del poeta de la misma tierra que sintió sus pasos de guerrero desde el Caura hasta Angostura donde los excesos apagaron su grito.  Estas imágenes del poeta de la misma tierra se perciben con mayor fuerza a la hora de reflexionar la Historia que las de aquellos distanciados de lo telúrico como el Gabo que sólo abrevó en la fuente de la noticia cuando describió su fusilamiento en “El General y su laberinto”.

            No ocurre lo mismo con Mimina Rodríguez en “Héroes y Espantapájaros” donde la imagen del hombre inmortalizado en San Félix rebasa hasta hacerse universal. Tampoco con Elías Inaty en su “Carta al General Piar”, ni Iris Aristeguieta en “Las Espinas del Cardonal” ni menos con René Silva en su “Acusación” o Silfredo Martínez en “Nuestro  Héroe”, quien guarda sus maldiciones en un cofre secreto.

            “Héroes y Espantapájaros”, canto dramático de Mimina Rodríguez Lezama, alcanza a Piar de alguna manera, lo persigue en su destino y lo retrata, aunque no como él propiamente, pues bien puede ser él en Guayana, el Che en Bolivia o García Lorca en Visnar de Granada. Lo importante, en todo caso, es el hombre “el hombre conjugando ríos en la memoria”. Piar es un mar de cosas en la memoria que abruma, se encrespa, se derrama y se levanta.

            Mimina Rodríguez Lezama que es poeta nacida en la tierra de la siembra, en la tierra del granero de la guerra emancipadora, sabe por la memoria atávica y telúrica, de aquel    hombre que conoció el espantapájaros  y que vio pasar por su vereda cargado de tristeza hacia designios aún no comprendidos. Sabe también del día que cayó y se hizo leyenda, del día que sobre el bermellón de su corazón trizado anidaron los pájaros sin temor a los espantajos y las enredaderas subieron airosas por las jarcias de las balandras surtas y casi agónicas en el puerto. De allí su narración con propiedad del drama de esta plaza y de estas calles de su pueblo. Llenas de casas solariegas en ruinas que lloran con lágrimas de paraparos y música de Quena la muerte de aquel hombre que llevaba en su guerrera un arcoiris de amor.

Le conocí. Un día
le vi pasar
cargado de tristeza. Era
difícil comprender entonces
los designios.
¿En esta misma plaza?
¿En estas mismas calles?
¿En este mismo pueblo?
Aquí calló,
aquí se hizo leyenda,
cubrí su corazón trizado
con nidos, enredaderas y
balandras.
Era delito pronunciar su
nombre.
Traía un arcoiris de amor
en la guerrera.

 

 

            Elías Inaty del extinto grupo Aureoguayanos que tenía su Partenón en la misma Plaza donde fusilaron al héroe de Chirica, nunca pudo pasar por alto en su vida de poeta prestado a la medicina el paredón del sacrificio que estaba frente a su escuela ni la contrapartida de aquella batalla abrileña que empezó en el Orinoco y terminó en la confluencia del Coroni con airosos vuelos de pájaros y relincho de bestias.


Esa tarde de abril
ríos, pájaros y bestias
sintieron el dulce pavor
cuando la valentía colérica
hizo temblar la tierra
de esa Mesa de Chirica
que nos dio muchas mesas vedadas.

General Piar
allí quedó hecha tu estatua
de agua, follaje y tierra
con todas las medidas del tiempo
Héroe de  San Félix
si el desacato libra,
salve General tu desacato
Él descarrío metódico y valiente
pasó a vigencia de Patria
porque tu patria no fue tu cuna
sino la libertad
y aunque tu épica parecía doméstica
iluminó la Venezuela de Carabobo
y la América de Ayacucho
Y brillaron en los brazos de tus soldados
“Los laureles de San Félix”

General,
la historia te busca todos los días
derogando las pasiones
Yo busco tu sepultura
para besar la tierra que te cubrió
porque allí quedó sembrado Piar
Y allí florece Piar
Y desde allí el polen de Piar
se esparce por la Patria

¿Dónde estuvo sustancialmente la razón?
 El imperativo irremisible
te apartó de una beata supeditación
para salvar la República

Tu corazón a caballo
latía al compás del combate
Era él huracán de un guerrero
con estrella fugaz
Fue breve tu otoño
de apenas cuarenta
pero renace en cada primavera
como un recuerdo herido
en el alma venezolana
Si todo terminó para ti,
todo comenzó para los que fuimos llegando
aplaudiendo tu gloria

General
desde tu jaula al paredón
yo escuché tu grito subterráneo:
Viva la Libertad!


            Iris Aristeguieta también es de la tierra que sirvió de surco a la semilla guerrera de Piar. De allí que cuando la simiente germina y florece como el araguaney, ella se va a la montaña o al río y se espiga buscando el aroma bermellón que brota por cada espina de El Cardonal encrespado.

El Cardonal se encrespó
de angustia
y abortó la tierra
que sirvió de reposo
al guerrero

Y eran las cinco de la tarde y aullaba el viento
y el crepúsculo embravecido
arrojaba fuego sobre el río
empapado de amargura
Manuel Piar fustigó los minutos
de espera con fogosos recuerdos

Montó sobre el caballo
de sus tinieblas
hendió el silencio de la noche
con su grito de guerra
y revivió una a una
sus fieras victoriosas
escupiendo al final
(sin escrúpulos)
los postigos de sus hazañas heroicas
y no pudo detener el momento

las piedras lanzadas
por sus compañeros y amigos
esculpieron el muro de la ejecución
y la  luna caminante
perfilaban en el delirio
le hizo hervir en apasionada
sangre de cuarenta años

Y con esclavina azul
roída por el desprecio
de aquel dieciséis de octubre
salió el reo del claustro
para mirar de frente con espantosa parsimonia
la impoluta Catedral
convertida en su patíbulo
por decreto

Y eran las cinco de la tarde
cuando Ciudad Bolívar
encrespó su altivez
para esperar el cadáver del príncipe guerrero
águilas de infinitas latitudes
devuelto al bizarro Dios de la gloria
clavado en el Cardonal
con la cruz del martirio.

            René Silva Idrogo también es un poeta prestado a la medicina que ausculta los latidos del río cada agosto cuando trata de rebasar la Piedra del Medio para ponerse a nivel de la Plaza en un intento por lavar la sangre sedimentada en las espinas del Cardonal.

Lento el amanecer y lento el día
-el guerrero escrutaba la memoria-
si ayer se combatió para la gloria
la gloria es ignominia si es la mía

Marcará mi final el nuevo día?
Insaciable avariento de la historia
todo peso de luz es sólo escoria
maña de ensañamiento e insania

Es gavilán que todo lo vigila
y asciende si destruye o aniquila
mi pobre oscura piel atormentada

Y si pudo en la guerra ser hermano
le exigió su envoltura de mantuano
el grito de mi sangre asesinada

   
            Silfredo Martínez nació con la piel salpicada de arena y río como los otros y correteó sin cesar tras el espectro de Piar por los senderos de la Laguna del Porvenir donde sólo hallaba pájaros, lagartos, y caminos perdidos entre follajes y piedras que al final de la insistencia le confiaron lo que él dice guardar en su cofre secreto.

Llegaron de sitios distintos
con un sueño por dentro
y se trajearon de azul fatal
para enfrentarse en la llanada de Chirica
el combate duró una lluvia
de piedras dulces.

Entonces, el héroe de la provincia
inmerecida
el hombre del signo perdido
se fue quedando sin alma y sin camisa
y a la usanza de un gitano
sólo contaba con un caballo y
un carro de fuego tirado por canes famélicos.

Sus enemigos vestidos de seda amarilla
destrozaron la última mueca de la defensa.

 Piar sobre las tablas


 La compañía Regional de Teatro de Guayana,  bajo la dirección artística de José Simón Escalona y los auspicios del Conac, Grupo Theja y Dirección de Cultura del Gobierno Regional, debutó durante los días 13, 14 y 15 de diciembre de 1991 en la Concha Acústica, con la obra “Piar” de Javier Moreno.

            Javier Moreno, dramaturgo prácticamente formado en el Grupo Teja, es autor de varios dramas exitosos, entre ellos, Romeo y Julieta, Muchinga, El Anillo de los Nibelungos, Comedia sin título, Bolívar y La Virgen de Coromoto.

            Haber penetrado el drama de Bolívar, le despejó el camino. Piar, el  Libertador de Guayana, el estratega, el General invicto, es un personaje de leyenda; que siempre estuvo enfrentado al designio de la fatalidad y por el cual no puede menos que sentirse empatía.

            Moreno siempre se sintió atraído por la figura de Piar. De manera que cuando José Simón Escalona le dijo que escribiera el drama, fue directo a una documentación y bibliografía que con anterioridad tenía precisados. Anales de Guayana, La Guayana del Libertador, Caudillo de dos colores, aunque pocos objetivos en el enfoque histórico, no podían faltar. Abrevó en esas fuentes sin dejarse sugestionar por la subjetividad de presuntos bolivarianos o piaristas y luego su vena de dramaturgo y poeta hizo lo que tuvimos la ocasión de apreciar cuando la obra fue expuesta al público bolivarense.

            El dramaturgo no agrega nada nuevo a lo ya sabido sobre Piar.  No tiene ningún aporte histórico o de crítica social nuevo. Simplemente  se limita tratar a Piar dentro de  los patrones de una tragedia clásica.  Lo favorece una empatía total con el personaje, pero no se inclina ni por una posición ni por otra con relación a bolivarianos y piaristas..

            Moreno estructuró la obra partiendo del discurso que redactó el  Juez- fiscal Carlos Soublette para enjuiciar Piar. Soublette acusa al héroe de Chirica de haber levantado la voz del hermano contra el hermano, la del hijo contra el padre y la de la oveja contra su pastor. Lo que Moreno cuenta en la obra es el cómo. Cómo Piar los persuade para que se subleven.  Por supuesto, es una revisión del pasado de Piar desde la posición límite de su muerte. Cuando lo van a fusilar, él recuerda todo el pasado. Va revisando lo que pasó realmente.  Hay un elemento novedoso en la obra y es que quien lo ayuda a trasladarse en el tiempo es la idea fija del Río que se le aparece como un personaje que le dice: “¡Tú no quieres estar aquí, vamos!” Y Piar pregunta: “¿Para dónde?”. A lo que responde el Río: “Para donde tú quieres estar”.

Entonces Piar viaja al pasado, al futuro, va al presente y se consigue con que hay una especie de  negación  de la figura de Piar y eso él no lo puede entender. En ese momento de incertidumbre, sin conocer aún la sentencia, empieza a desesperase porque cada vez va analizando los hechos del pasado, se va dando cuenta que lo van a condenar. En ese punto el Río personificado en forma de duende interviene para tranquilizarlo.

Surge otra escena donde vuelve a demostrar que lo van a matar y exclama: “¡Quieren mi muerte!” Y el Río lo reconforta haciéndole comprender que la muerte puede ser perfectamente la ascensión a una forma superior de vida.

En la obra se trabaja bajo el concepto clásico de la tragedia porque no hay  buenos ni malos sino circunstancias desfavorables que atropellan al protagonista. Si el protagonista se equivoca o yerra un poco, las consecuencias son desmedidas o desproporcionadas.

La Obra Piar, dirigida por el propio Javier Moreno bajo la supervisión de José Simón Escalona, fue interpretada por 24 actores, todos bolivarenses, distribuidos en 30 personajes. El acto inaugural tuvo como escenario la Concha Acústica del Parque “Leonardo Ruiz Pineda” durante los días 13, 14 y 15 de diciembre. La música compuesta especialmente por Angel Chirinos, director de la Banda Dalla Costa, fue en vivo y traduce sensiblemente la lucha dialéctica entre el rebelde y la fatalidad.  El papel de Piar fue encomendado al novel actor Armando Ramírez, un joven bolivarense salido prácticamente de la nada. Neptalí Hurtado  personificó al Río Padre.


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