martes, 11 de junio de 2013

CAPITULO XI / Batalla de San Félix


El Brigadier Miguel de La Torre vuela de San Fernando a la Angostura del Orinoco para tratar inútilmente de someter a Piar - Repone en la Gobernación al destituido  Lorenzo Fitz Gerald – Rompe el sitio para proveerse de víveres, reses y caballos -  Bolívar se entrevista con Piar en la Mesa de Angostura mientras Aldana le toma la plaza de Barcelona y destruye la Casa Fuerte – Batalla librada por Piar en la Mesa de San Félix contra  La Torre asegura la emancipación de la Provincia de Guayana. 

Efectivamente, los auxilios y refuerzos pedidos por el Gobernador y Jefe militar de la Provincia de Guayana al General Morillo estaban en camino.  El 8 de marzo partieron de San Fernando en un convoy con 1.500 hombres al mando del Brigadier Miguel de La Torre, quien viajaba a bordo de la cañonera El Carmen junto con los oficiales Esteban Díaz, Mayor General de la División;  Teniente coronel Manuel Carmona, comandante del batallón Cachirì; Capitanes Vicente Becerra, Rafael Sevilla, Francisco Ronquillo, Casimiro Mendivil y Tomasetti, entre otros.

El 27 entraron en Angostura y fueron recibidos ansiosos y alegres por los habitantes, paisanos armados  y las dos compañías  del regimiento  Barbastro que la guarnecían. Hacía más de dos meses que estaban sitiados por unos ochocientos patriotas, sin poder alejarse a un tiro de fusil de las improvisadas estacadas que a guisa de murallas habían levantado.  Los víveres escaseaban y con los que traía el convoy apenas si alcanzaban para alimentarse durante cuatro días.  De manera que lo primero que acordaron los jefes fue hacer una salida con el doble fin de procurarse comestibles y levantar el sitio.

Dos días después, hallándose Piar inspeccionando el Paso de Caruachi, recibió un parte del General Cedeño, según el cual el 27 del corriente ha entrado a Angostura un convoy de 36 velas, procedente de San Fernando, con 1.500 hombres de desembarco, a las ordenes del Brigadier Miguel de La Torre.  Junto con ese parte recibió también del General  Arismendi, un oficio en el que a nombre del Jefe Supremo reclama los envíos de hombres, caballos y mulas que necesita.  Piar se apresura desde el mismo lugar a contestarle que “es imposible en mis actuales circunstancias, enviarle ninguno de estos objetos”  y le explica las razones de la última novedad que lo obliga a “concentrar mis fuerzas en el interior y abandonar las posiciones que ocupaba a las márgenes del Río, para aguardar el choque, porque de otro modo sería dar al enemigo la ventaja.  Esta operación es tan urgente, que no me da lugar a entretenerme en el largo pasaje del Orinoco, ni a pensar en otra cosa por ahora, mientras se da la batalla que debe abrirnos las puertas de ambas Guayanas de un momento a otro”.

Bolívar se inquieta con esta respuesta ya reiterada y que aparenta visos de renuencia no compatible con la obediencia y disciplina militar, por lo que decide trasladarse a la Provincia de Guayana para contrastar y verificar personalmente los hechos.  Entre tanto, Piar que había llegado cabalgando prácticamente solo al Paso de Caruachi, pensaba proseguir hasta el Cuartel de la Mesa de Angostura, pero no antes que el General Manuel Cedeño le envíe una guardia de protección que le ha solicitado:  “La partida que le pedí es indispensable que venga volando a encontrarme, porque marcho solo, expuesto a cualquier accidente: si no hubiere salido todavía, despáchela en el momento a cargo de un buen oficial que no se detenga en el camino”.

El 30 de marzo, agobiado por el hambre y la escasez de víveres, el Brigadier La Torre ordena a 800  hombres de infantería y 30 de caballería buscar un choque con las fuerzas sitiadoras para dirigirse al hato más próximo en busca de vacunos, caballos y víveres; pero, Cedeño, rehuye el choque frontal y actúa de la forma menos riesgosa; sin embargo, Piar que ha sido notificado de este movimiento, resuelve impedirle el regreso o batirlo en el tránsito con sólo la caballería, empero necesita para ello que el Coronel Chipía le envíe dos escuadrones de cien hombres cada uno, si es posible al mando del coronel  Pedro Hernández o del Teniente coronel Martínez.  Por previsión y rn función de esta operación, Piar adelantó  al capitán Arnao a la Pastora en busca de 400 caballos de reserva.

Cuatro días después es cuando Piar está militarmente en capacidad de ir al encuentro de las tropas de La Torre y se dirige a la Mesa de Angostura, pero ya el enemigo había replegado a la  ciudad el 3 por la noche, a favor de los montes del río Orocopiche;  no obstante, Cedeño mediante aisladas escaramuzas hizo que en el trayecto perdieran tres cargas de pertrechos, doce fusiles y varios de sus hombres.  Esto es lo que se desprende de las cartas cruzadas entre Piar y algunos de sus oficiales.

Sin embargo, el coronel Rafael Sevilla, oficial de La Torre, dice en sus memorias autobiográficas, que las tropas salieron de Angostura a romper el sitio el día 3 de abril a las dos de la madrugada y que  “Apenas llegamos a las avanzadas enemigas, cuando empezaron a hacernos fuego.  En breve vino sobre nosotros gran golpe de caballería, que conseguimos rechazar.  Nosotros no teníamos más caballería que una docena de húsares mal montados.  A las ocho llegamos al sitio denominado Mesa donde tenían su campamento principal y nos esperaban apercibidos para el combate.  Formamos dos columnas y dos guerrillas para flaquearlos.  A mi me toco ir con la izquierda.  El terreno era quebrado y abrupto, pero atacamos con tal denuedo que en breve conseguimos envolverlos.  Tan pronto como ellos oyeron nuestras cornetas por retaguardia, apelaron a la fuga.  Dejaron en nuestro poder cien hombres entre muertos, heridos y prisioneros, cincuenta mujeres y chiquillos que tenían en el bosque inmediato, y doscientas reses que hallamos en el corral. Dos días permanecimos en el lugar de la acción; mas viendo que no volvían, regresamos el 5 a la ciudad, a cuyas autoridades habíamos ya remitido el fruto de nuestra conquista.  Mucho se regalaron, lo mismo el ejército que el pueblo, con carne fresca, desgraciadamente tan poco ganado no podía durar mucho”.

Se convino entonces mediante una junta de  jefes resolver el problema de la alimentación mediante la reconquista de las Misiones para lo cual el brigadier debía trasladarse por el río con el mayor número posible de gente a las Fortalezas de Guayana y luego por tierra hasta la zona misionera rica en ganado y productos agrícolas.

De esta próxima operación militar del brigadier La Torre recibe información confidencial el General Piar y de inmediato instruye al Coronel Chipía, en San Félix,  para que esté pendiente, mientras él acelera el paso de las tropas de una margen a la otra del Caroni por el Paso de Caruachi.  De esto da cuenta al Jefe Supremo, quien abandonó a Barcelona entre el 21 y 25 de marzo con una escolta de 35 hombres en dirección a Guayana. La plaza barcelonesa quedó  al mando del General  Pedro María Freites con 700 hombres, mientras Mariño salía con sus tropas para el Chaparro.  El Libertador en el trayecto hacia Guayana para verificar personalmente la situación de Piar y su posición frente a sus mandatos, estuvo a punto de ser prisionero cerca de Quiamare.  Luego de sortear el inconveniente se juntó con Monagas en Santa Ana y prosiguió a reunirse con Piar.

El 3 de abril atravesó el Orinoco aprovechando la noche, por el puerto de La Cruz, y llegó con su escolta a la otra orilla en el sitio denominado El Jobito.  Aquí lo aguardaba el capitán José Antonio Gómez.  El 4 se entrevistó con Piar, al cual se unió Cedeño posteriormente en la Mesa de Angostura.  La conferencia duró día y medio.  El  Libertador quedó bien enterado de las operaciones y de la próxima batalla a librarse.  Ofreció pertrechos para lo cual requirió que Piar antes  le despachara cien mulas de las mansas y más gordas, enjalmadas, y 300 yeguas que fueron solicitadas  de inmediato al Padre Blanco.  Por supuesto,  el Libertador ignoraba que la ausencia tanto de él como de Mariño estaba siendo aprovechada  por el jefe realista Juan de Aldama que había prometido al Capitán General retomar a sangre y fuego la plaza de Barcelona como en efecto ocurrió con la dramática embestida contra la Casa Fuerte el 7 de abril de ese año 1817.

A las dos de la tarde de ese siete de abril, Piar con las tropas de infantería ya en la margen derecha del Caroní, más un respetable cuerpo de caballería, marchaba hacia San Félix, pensando recibir allá al enemigo que evidenciaba invadir por ese lugar puesto que luego de su escaramuza con Cedeño volvió a la ciudad y se embarcó para los Castillos.

Por un espía capturado en Puga, Piar se entera que el enemigo se ha desplazado hacia los Castillos con toda su fuerza y una caballería renovada por lo que le escribe a Cedeño pidiéndole de inmediato se desprenda de cien de sus mejores hombres y los envíe volando a reunirse con su ejercito, sin temor a ser atacado por aquel frente debido a que Angostura por la salida de La Torre ha quedado debilitada.  También llamó al Padre Blanco para enterarlo confidencialmente del plan de La Torre y del modo como pensaba frustrarlo. Asimismo para ordenarle que reuniese 500 caballos para remontar los jinetes toda vez que los caballos que había utilizado para ida y vuelta a la Mesa de Angostura estaban agotados.  Blanco, en vez de 500,  envió 700 por la vía recta de Upata y Altagracia, lo cual dio más confianza y seguridad a Piar a objeto de llevar a feliz término el plan diseñado para recibir y derrotar las tropas de La Torre en la Mesa de Chirica donde  tenía su Cuartel y había concentrado todos sus recursos para una batalla en firme y decisiva.

            En efecto, el 11 de abril, se dio la batalla.  A las dos de la tarde, se avistaron realistas y patriotas entre los pueblos de San Miguel y San Félix. Los primeros eran 1.180  infantes y 180 jinetes.  Los segundos, 500 armados de fusil, otros tantos de flechas, 800 de lanzas y cerca de 400 de caballería.  La Torre hizo de su gente tres columnas cerradas, guarneciendo sus costados con tropas ligeras de caballería.  Piar adoptó una formación contraria.  Extendió cuanto pudo su línea de fusileros y flecheros, y colocó en segunda línea a los indios lanceros.

.   El escritor e historiador José María Baralt, en su Resumen de la Historia de Venezuela  (Paris, 1841) dice que reconocidas por Piar las tres columnas enemigas, resolvió previo acuerdo con los jefes, contramarchar para establecer su línea de batalla en un bajo a inmediaciones del pueblo, donde su derecha quedase bien cubierta por un morichal espeso y fangoso; pero al empezar a moverse con este fin, cambió repentinamente de opinión, mandando que la línea se estableciese a la falda de una pequeña altura que se halla próximamente al ocaso de San Miguel; en esta posición la izquierda de los patriotas debía quedar cubierta por una barranca profunda e inaccesible  y la derecha por el cerro.  Otras ventajas igualmente importantes proporcionaba ella todavía:  una, que colocaba la caballería  a espaldas de este cerro, y como emboscada, podía caer de flanco sobre las columnas enemigas; otra, que debiendo  estas subir por un declivio, recibían todos los fuegos de sus contrarios, sin poder hacerles gran daño con el suyo.  La ocupación del puesto no pudo hacerse, empero tranquilamente, porque La Torre, queriendo aprovecharse del instante de incertidumbre que notó en sus contrarios, siguió sobre ellos a paso de ataque y con arma a discreción, pensando sobrecoger y transportar su línea.

            Los republicanos marchaban en tanto por el flanco izquierdo a colocarse en el puesto designado, lo cual lograron cuando La Torre estaba ya a tiro de pistola.  En aquel crítico momento, sin tiempo para aguardar las órdenes del jefe, el Coronel  Chipía, comandante del Batallón Barlovento, mandó a hacer alto a su tropa, dar frente al enemigo y alinearse.  El teniente coronel José María Landaeta repitió las mismas voces  y añadió a las de fuego, carguen a la bayoneta.  La línea toda por una súbita inspiración, siguió los movimientos indicados por aquellos dos serenos oficiales.  Los fusileros y flecheros dispararon  sus armas haciendo un estrago horroroso sobre las espesas columnas  enemigas.  Las alas se inclinaron casi formando un semicírculo, donde quedaron encerrados los realistas, y cuando los peones de todas las armas se lanzaron sobre ellos, la caballería desembocó por la falda del cerrillo y cayó como un rayo sobre su flanco izquierdo.

            Los realistas sin perder su formación intentaron retirarse; pero en vano, estrechados ya por todas partes,  no pudieron hacer uso de sus fuegos.  Casi ningún tiro se oyó después.  El ruido era de bayonetas y de lanzas.  De vez en cuando se oía la voz de un oficial español que animaba a los suyos y, frecuentemente, la de firme Cachiri, con que Ceruti quería infundir ánimo a uno de los batallones.  Pocos momentos después cesaron, no hubo más combate sino terrible degüello de realistas,  Muchos de ellos se arrojaron desalentados a la barranca.  Los que no murieron en la caída, fueron hechos prisioneros, otros perecieron en sus puestos y no pasaron de 17 quienes a favor de la noche y por estar bien montados, escaparon junto con La Torre al puerto de las Tablas.  El número de muertos ascendió a 600 y  463 prisioneros, incluyendo a 200 heridos. Los prisioneros criollos fueron casi todos asimilados por el ejército patriota y los jefes y oficiales, entre ellos, el comandante Nicolás Ceruti, fueron pasados por las armas.  La pérdida de los patriotas no fue cuantitativamente importante, pero sí muy sensible por la muerte en combate de los comandantes Pedro Chipía y José María  Landaeta.

            Según cuenta Sevilla en sus Memorias, Piar ganó la batalla por sorpresa, porque no le dio tempo a  La Torre mandar desplegar en batalla.  “Antes que pudiese tener lugar este movimiento, Piar se lanzó primero sobre los europeos, arremolinados y en desorden,  los pasó a cuchillo sin más resistencia que la individual, que algunos opusieron, y luego se cebó en los soldados de Cachirí, que en vano había tratado su jefe  de hacerles formar el cuadro.  Abrumados por el número y desconcertados por la sorpresa, los nuestro se pronunciaron en fuga, siguiéndoles la caballería enemiga, que mató sin piedad a cuantos alcanzar pudo.  Aquello fue un verdadero exterminio.  A nadie se dio cuartel.  Solamente a favor de la espesura de un bosque y de la noche, que vino a cubrir piadosa aquel cuadro de horror, lograron escapar con vida el brigadier Latorre, el comandante Carmona, cuya mula, pasada de un balazo, le llevó hasta el monte, ocho o diez oficiales, y unos 250 individuos de mi batallón, entre ellos 70 de mi compañía, llaneros y soldados viejos que salvaron a su general, tampoco sobrevivieron a aquel terrible desastre.

            El brigadier pasó con sus escasos compañeros una noche terrible en el bosque, esperando a cada momento ser descubierto y pasado a cuchillo por el enemigo.  Debió él y los restos miserables de su división, la salvación al comandante de marina Lizarraga que desde las Fortalezas (donde se habían refugiado algunos fugitivos) mandó varias cañoneras y piraguas a recorrer las riberas del río para que recogieran los pocos dispersos de aquella infortunada expedición.

            Pronto se supo en la plaza este desgraciado acontecimiento, pues engreídos los insurgentes con aquella tan completa como inesperada victoria, a las cuarenta y ocho horas de ocurrido el desastre, se presentaron con fuerzas imponentes a sitiar la ciudad, colocándose con la osadía del vencedor a tiro de fusil de nuestras débiles trincheras, y presentando vestido de uniforme el cadáver ensangrentado del teniente coronel de Barbastro, señor Ceruti, gritaban:  -Aquí tenéis a vuestro gobernador”.

            El mismo día, a las ocho de la noche, después de la victoria, el General Manuel Piar informa  “Al Comisionado Gral. Vicario del Ejército José Félix Blanco (donde se halle).  A las 4 de esta tarde hemos obtenido la más completa victoria en el banco frente a este Cuartel General.  Mil doscientos infantes, han sido muertos, heridos y prisioneros quedando en nuestro poder todos los Jefes y Oficiales, entre ellos, Ceruti, todas sus armas, municiones, cajas de guerra, cornetas, caballos y monturas.  La Torre solamente ha escapado con 20 carabineros bien montados.  Por nuestra parte no sabemos aún la pérdida que hemos tenido porque al anochecer se terminó la acción.  Dios guarde a usted por muchos años.  Cuartel General de San Félix 11 de Abril de 1817, a las 8 de la noche.  Manuel Piar”.

            Al siguiente día de la batalla, Piar expidió este mandato:  “De orden del General en Jefe, se reconocerán por Generales de Brigada a los Coroneles Pedro León Torres y José Antonio Anzoátegui y por Coronel efectivo al que lo es graduado, Bartolomé Salom.  Por Comandantes efectivos de los batallones de Honor, Barlovento y Guayana a los Tenientes coroneles Juan Liendo, Bruno Torres y José María Ponce.  Los batallones de Honor y Guayana se denominarán Brigadas, siendo Jefe nato de la de Honor, el Mayor General Anzoátegui, y de la de Guayana el General Torres.  El batallón Barlovento formará la guardia del General en Jefe encargándose del mando de él al Coronel Salom.  Cuartel General en San Félix, Abril 12 de 1817.-7º  Manuel Piar”.  Está refrendado por el Jefe del Estado Mayor, José Antonio  Anzoátegui.
                                                                           

Además del General en Jefe Manuel Piar y su Secretario General Pedro Briceño Méndez, combatieron en la Batalla de San Félix, los coroneles José Antonio Anzoátegui, Mayor General de la división; Pedro Chipía, jefe del Batallón Barlovento; Bartolomé Salom y José María Landaeta, comandantes del batallón Conquista de Guayana; Teniente coronel Juan José Liendo, jefe del batallón Honor; José María Ponce, comandante de la brigada Guayana;  Tenientes coroneles Pedro León Torres y Pedro Hernández; capitanes Bruno Torres, Juan Antonio Mina, José Montes, Joaquín Moreno, Jorge Meleán, Lucas Carvajal, Pedro Martínez Aldao y el teniente Juan José Quintero.
           
Oficiales de Caballería: Tenientes coroneles Remigio Femayor, Juan Antonio Blancas, Víctor y Venancio Ríobueno, José Antonio Franco, Fernando Figueredo, José Rafael Rodríguez, Rafael Lemos y José León Landaeta.  Capitanes: Celestino Machuca, Juan Herrera, Buenaventura Rodríguez, Marcelo Guapo, Pedro Antonio Fajardo, Cruz Urbina, José María Paredes, Eustaquio Orta, Calixto Palacio, Gaspar y Bibiano Vidal, Ambrosio Castillo, Cirilo Aldao, Hilario Casaver, Faustino Sánchez, Juan Landaeta, Pedro Montesinos, José Cermeño, José Antonio Machado, Miguel Pereira. Tenientes: Juan B. López, José Antonio Rodríguez, José Pereda, Andrés Bello, Rafael Carrera, Tomás Bolívar, José Ayala, Miguel Martínez, Juan Antonio Machado, José Antonio Crespo, Víctor Contreras, Antonio Rojas, Norberto Gómez, Cruz Montesinos, Isidro Rojas, Francisco Perucat, José Gregorio Urbina y Santiago Malpica.

Piar quiere aprovechar la coyuntura de la victoria  para llevar su Ejército hasta los Castillos de Guayana, pero no se decide debido a que las tropas no sólo se ven exhaustas sino hambrientas.  La logística alimentaría ha fallado pues tan sólo han llegado  doce cargas de casabe y no así la carne.  “Aún no ha llegado el ganado y el ejército está pereciendo en términos que he suspendido la marcha sobre los Castillos por no alejarme y aumentar la escasez y la fatiga de la tropa cuando no come” se queja Piar ante el Padre Blanco, el día 14, desde el mimos Cuartel de San Félix.
           
            La tardanza se prolonga y el día 16 vuelve a insistir:   “Tres días hace hoy que no se raciona el ejercito por falta de carne.  Dos más haría sino no hubiese tomado las vacas de leche que había en Caroní, para que comieran el 12 y el 13.  Nuestras operaciones se han paralizado y tal vez hemos dejado de recoger el fruto de la victoria del 11  por esta dilación.  Pero no son estos solos los males que han traído la demora y negligencia de los Comisionados para ejecutar mis más simples órdenes.  La espantosa deserción de más de 220 indios me hace temer que se dispersen todos los reclutas fatigados del hambre.  Vea usted los efectos de la ineptitud, o falta de patriotismo en los encargados de las comisiones”.

            Ese mismo día llega la primera partida de 400 cabezas de ganado pedidas para alimentar a las tropas y ese mismo día llegan también noticias de una conjura que se estaría dando en Angostura, Piar resuelve entonces marchar hacia la Mesa y dejar en San Félix al General Pedro León Torres.


            

1 comentario:

  1. Excelente artículo. Histórico y bien documentado. El hecho de que se tome la historia desde dos puntos de vista (coronel Rafael Sevilla y general Manuel Piar), hace que el artículo tenga más valor. Me impresiona la heroicidad y la lucha sin cuartel que libró el general Piar en el sitio de Guayana. Se puede decir que verdaderamente estaba resuelto a ser libre, es por eso que se le conoce como el Libertador de Guayana.

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