miércoles, 12 de junio de 2013

CAPITULO X / Dragones de Piar en acción


El General Manuel Piar derrota al  Capitán Lizarraga frente a las Fortalezas de Guayana – Nombra al Pbro. José Félix Blanco administrador general de las Misiones -  Ocupa el pueblo de Puga – Destroza las fuerzas de Torrealba a una legua de Puga - Hace contacto con el Coronel Santander, comisionado de Páez ante el Libertador - Fuerza naval improvisa Piar contra apostaderos – Surgen problemas entre el Padre Blanco y Comandantes de los pueblos del interior – Refuerzos provenientes de San Fernando al mando del Brigadier Miguel de La Torre desembarcan en Angostura - Piar ejecuta movimientos para un enfrentamiento definitivo contra el enemigo.

            El General Manuel Piar ha marchado desde Upata.  El día 23 de Febrero se sitúa frente a las Fortalezas el Padrastro y San Francisco de Guayana la vieja y ordena un reconocimiento de la zona tras lo cual sus tropas avanzan hasta la orilla del pueblo.  Pero una partida de fusileros destacada desde su puesto de observación por el Capitán Lizarraga, comandante de las tropas de las fortalezas, intercambia disparos con los Dragones de la Guardia de Piar.  Luego intervienen los demás escuadrones y la escaramuza se extiende y complica por espacio de una hora con desastrosos resultados para el enemigo y apenas varios caballos heridos de los patriotas. Piar, en comunicación a Cedeño, estimó las pérdidas en 300 hombres, más de cien lanzas,  todas sus carabinas, un estandarte, dos cajas de guerra y unos  600 caballos. 
           
            De acuerdo con la información arrancada a los prisioneros, en las Fortalezas no quedaban más de 100 soldados de infantería, por lo que Piar resolvió dejar en la línea de asedio al Escuadrón Chaviripa al mando de Pedro León Torres, mientras él se retiraba con el resto de la tropa a la villa de Upata, donde se proponía  elaborar un plan de guerra conforme a las noticias que estaba recibiendo de Cedeño.

            Las noticias sobre el enemigo del otro lado le confirman en la necesidad de reconcentrar todos los recursos en la brevedad posible. En ese sentido instruye a Cedeño para que mande un oficial a Caicara  con el encargo y tomando las más severas y estrictas prevenciones, de traer todos los caballos y mulas disponibles  a más tardar dentro de 20 días.  Asimismo, pide a Cedeño comisione al Capitán Albarran para que se dirija a  La Paragua a objeto de reclutar gente para el ejército con la condición de que si logra 150 hombres  a la brevedad  lo hará Teniente coronel y le dará el mando del Escuadrón.  También le exige que los caballos empotrados en los hatos Ferranero y San Felipe sean enviados de inmediato junto con el hospital.

            Antes de dirigirse a Upata, Piar decide el mismo día pasar por Puga y sólo encuentra una avanzada de seis hombres que servían de espía al enemigo.  De éstos fueron apresados tres que informaron sobre el estado y fuerza de Guayana y que el Comandante José Torrealba se hallaba con 400 hombres de caballería apostados como a una legua de distancia  Sorprendido por esta información, Piar resuelve marchar inmediatamente a destruir al enemigo y toma las medidas necesarias para una sorpresa que, aunque no se pudo lograr a causa de dos avanzadas y lo malo del camino, no dejó de ser exitosa, de suerte que sólo siete hombres pudieron entrar en las fortalezas y el resto, unos 150, se lanzaron en una laguna.  En estas dos refriegas destacaron por su valor Pedro León Torres, comandante del escuadrón Chaviripa; Pedro Hernández, comandante de los Carabineros; Márquez, comandante de los Dragones de honor y el Comandante de Minas.

            El 2 de marzo llegan informaciones a Upata, según las cuales las partidas destacadas en los pueblos del interior de Guayana están cometiendo robos y tropelías, por lo que el General Piar oficia al Pbro. José Félix Blanco, Vicario del Ejército y Comisionado de las Misiones, para que le ponga freno a la situación y prenda y remita a su Cuartel General cuantos cometan excesos, bien sean oficiales, soldados o paisanos.

            Francisco de Paula Santander, comisionado por Páez desde Apure para entrevistase con el Libertador y tratar de lograr recursos, informa a Piar de ciertas dificultades que lo retienen para atravesar el Orinoco.  Piar le contesta lo satisfactorio que sería para él que utilizara sus facilidades y también el placer de conocerlo y tratar de oír de su boca  detalles con respecto a la situación, operaciones y probables sucesos del ejército de Apure, detalles indispensables para hacerse una opinión y poder calcular exactamente la especie y cantidad de socorros que se le piden.

            Piar ha mudado su cuartel general de Upata a San Miguel, cercano a Las Fortalezas, y  el 12 de marzo, a través del servicio secreto, recibe noticias de Angostura según las cuales el Coronel Nicolás Ceruti ha destituido a Lorenzo Fitz Gerald y asumido la Gobernación y jefatura militar de la Provincia.  Asimismo que el Coronel Salvador Gorrín vendría de vuelta a reforzar esa plaza.  Ante tales temores y sabiendo de antemano que estos oficiales son inclinados a la sorpresa, previene al General de Brigada Manuel Cedeño para que tome precauciones y esté constantemente alerta.  Al mismo tiempo le advierte que “tenemos en nuestras manos la victoria se obramos como debemos, y sería una imprudencia imperdonable exponernos a que se nos escape.  Inmediatamente que US tenga parte de que vienen tropas enemigas por tierra, avíseme volando, para correr a reforzarlo.  Esta línea puede quedar cubierta por una pequeña parte de las fuerzas empleadas hoy en el sitio; y el resto del ejército está expedito para ir a decidir la victoria allá”.

            El problema que preocupaba a Piar para su guerra era la falta de una flota adecuada para controlar el paso de buques por el Orinoco y, a fin de resolverlo de alguna manera, habilitó a través del Coronel Chipía 16 curiaras con las que empezó a hacer el corso.  Por este medio, a menos que se tratara de un convoy, pensaba obstruir la comunicación entre Angostura y las Fortalezas .  Otro crucero pensaba establecer en Piacoa para impedir la subida de los buques de fuera y pidió a Cedeño estableciera otro en la zona de Marhuanta. El día 13 fue su debut en el puerto de San Miguel, capturaron una goleta, pero el 14 se les pasó una lancha aunque pudieron apresar una piragua.  Entre tanto varios artesanos trabajaban en la fabricación  de embarcaciones.  El 26 de marzo echaron al río una gran piragua de 18 varas porque la idea era lograr una fuerza considerable en el río y poder empezar a obrar ofensivamente contra los apostaderos enemigos para cortarles totalmente las comunicaciones.

            Piar pensaba en todo y hasta contrató a un inglés para abrir una Pica que permitiera establecer relación comercial con Demerara.  El encargado de hacer inspeccionar los trabajos era el Padre José Félix Blanco, a quien Piar confirió amplias facultades  para organizar y administrar los pueblos del Departamento de Upata que entonces llegaba hasta aquellas fronteras con la Guayana Británica.  Pero Blanco no estaba muy seguro del límite de sus facultades y  pidió reafirmación en el momento  que se le presentaron situaciones de desbordamiento en algunos pueblos y reclamos tanto de los criollos como de los indios con relación a las bestias que necesitaban para las faenas del campo.  Piar, en oficio del 18 de marzo desde San Miguel, le responde  que está plenamente autorizado para reprimir las licencias, cortando los abusos y conteniendo los excesos, arbitrariedades e injusticias; y, en cuanto a los caballos que se necesiten para el trabajo de los hatos, puntualizaba que podían “extraerse de los potreros, pero limitadamente los muy indispensables, para que no se pierda la hacienda, y con la precisa prevención a los mayordomos, a quienes se entreguen, para que no lo sirvan sino cuando sea de absoluta necesidad: de resto los potros y yeguas suplen.  De este modo evitaremos la pérdida de las haciendas, y se conservarán los caballos en estado de emplearse cuando se necesiten en el ejército.  Con respecto a los que pertenecen a los Indios, yo creo que ellos no quedarán disgustados si se les indemniza con yeguas o ganado que puede dárseles sin dificultad.  Examine VS sus voluntades, interesándose por decidirlos al cambio.  Obre con toda liberad”.

            Otro problema del que se quejaba el Padre Blanco era que algunos Comandantes político-militares de los pueblos del interior, como el Comandante Alonso Uzcátegui en La Pastora,  que al igual que él había venido con pasaporte de Páez, no admitían o acataban a regañadientes su autoridad.  En el caso específico del trujillano Uzcátegui, Piar le responde: que este comandante “ sin duda ha entendido mal su comisión; pero yo espero que reconvenido por VS con esta nueva orden entrará en su deber.  Yo le recomiendo que esto se haga del modo más amigable, si es posible, y que continúe en el ejercicio de sus funciones sin detenerse por nada.  Ellas son muy interesantes y su suspensión, por momentánea que sea, trae graves perjuicios a la República”.

Por otra parte, Piar resuelve poner el mando militar del pueblo de Caruachi en manos del capitán Juan Camero, a quien instruye de las mismas obligaciones que al anterior y con mucha particularidad le encarga el cuidado de los capuchinos y demás europeos que allí se encuentran a la vez que lo previene en el sentido de que la seguridad y vigilancia sobre la conducta de estas personas son de la su entera responsabilidad.

Para el día 28 las líneas militares de Piar estaban sin novedad en el frente y según noticias de  desertores que llegaban del otro lado, en las Fortalezas se había agotado la existencia de carne y en Angostura la situación de hambre era crítica y pensaban que se pondría más crítica con la pronta llegada de los refuerzos que el Jefe Militar Ceruti había pedido a Morillo, quien  se hallaba en San Fernando de Apure.




           
                       

           

           

           


            

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